“Dos bocas juveniles se disputaban mi culo, mis testículos y mi verga;                                                        pero yo no dejé de apartar piernas de mujer, húmedas de saliva o de                                                          semen, como si hubiese querido huir del abrazo de un monstruo,                                                           aunque ese monstruo no fuera más que la extraordinaria                                                                      violencia de mis movimientos”.

Historia del ojo, Georges Bataille.

La Historia del ojo, de Georges Bataille, es un libro erótico-filosófico escrito a manera literaria, un pequeño placer para aquellos que disfrutan de la literatura erótica. El texto se desarrolla en torno a dos jóvenes amantes que al mismo tiempo que experimentan el placer corporal, descubren los límites de la razón y la consciencia.

Los protagonistas llevan la excitación de sus cuerpos al extremo, ya que esto les permite transportarse a las fronteras de la razón y de la muerte. El apoderamiento del placer a través de la sensualidad les orilla hacia una luz cegadora de gozo y de dolor; a la completa expresión de sí mismos que termina por desgarrarles, por destruirles. El acto sexual desaparece el mundo y traslada su propia existencia a los abismos de la ignominia, de lo incognoscible, de lo amoral.

“A partir de esa época, Simona contrajo la manía de quebrar huevos con su culo[…] En el momento en que el semen empezaba a caer y a regarse por sus ojos, las nalgas se cerraban, cascaban el huevo y ella gozaba mientras yo me ensuciaba el rostro con la abundante salpicadura que salía de su culo”.

Los límites explorados en los desenfrenos sexuales les llevarán a cometer graves crímenes, gozando de la inocencia del que no sabe lo que hace porque lo hace sin consciencia, a la vez que ésta les roza y les observa como un ojo. El ojo, es el que observa en el vaivén amoroso, el que mira extasiado, y es también el que pierde de vista. Es el principal órgano por el que se excita el público asistente al espectáculo violento, grandemente concurrido porque, tal vez, nos recuerda el instinto sexual, el orgasmo, la destrucción de los cuerpos en batalla, pues cuándo la muerte parece más cercana, la vida surge con mayor potencia; vida y muerte se juntan en la misma vertiente violenta y peligrosa. El ojo es también el ojo del juez, el ojo vigilante, superficie del abismo y fondo de la consciencia, símbolo-frontera entre la razón y la demencia.

Los personajes se envolverán en una historia de amor basada en el cuerpo y la sexualidad, puesto que a través de ella es que logran explorarse a sí mismos, sus angustias y felicidades se expresan de manera orgásmica y mortal. El mundo mismo es para ellos un descubrimiento erótico, una fragilidad como la vida, como la existencia. El mundo, el universo entero resulta un cuerpo sexual, excitado, lleno de “esperma astral y orina celeste”, un cuerpo que penetra la bóveda y las constelaciones. La inmensidad del espacio, su silencio y su vacío se asemeja al orgasmo, a la soledad del coito.

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