Después del desfondamiento de los grandes discursos, el hombre, a la deriva, no tiene más alternativa que conformarse con la creación de fábulas verosímiles y la fugaz creencia en pequeñas ficciones, tan superfluas como la espuma del mar. Si nada es cierto, entonces no queda más que arrojarse al inmenso universo del placer y la banalidad. Si no queda ninguna verdad seria, entonces riamos de nuestras palabras, terminemos de destruir los viejos templos, para poder encumbrar, cada 15 minutos, un nuevo ídolo. Ese es el espíritu del siglo XX, que, con sus expresiones artísticas, crecimiento industrial, grandes guerras y medios masivos de comunicación, generó una sociedad, tan “democrática” como consumista.

El siglo pasado ha sido, hasta hoy, el más acelerado de la historia humana, por lo que revisar algunos de los movimientos que marcaron sus ideales, es, para nosotros, personas del siglo XXI, muy importante, pues somos herederos de las costumbres, hábitos y pensamientos gestados en aquel ambiente lleno de optimismo y seguridad en el desarrollo industrial, a pesar de que hoy se nos plantean importantes retos ambientales que obligan a cambiar nuestra mentalidad y sobre todo, nuestro exuberante y derrochador estilo de vida.

Contenidos de este número

Filosofía

El museo como espacio performativo

La literatura menor como mecanismo de desterritorialización política

Literatura

Tres breves poemas de Charles Bukowski

Arte

Breve historia del arte pop

Historia

Próximamente

Entrevistas

Próximamente

Cultura

Racionalismo cartesiano y ciencia ficción

Libros

Historia del cine, de Román Gubern

Biografías

Vida y obra de Andy Warhol  

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