Hay pocos personajes públicos que son tan accesibles como Paco Ignacio Taibo II, un hombre  que escribe sin cesar, que vive con gran intensidad y que disfruta de los placeres de un buen tabaco oscuro. Afuera de una librería en Polanco, este gran ser humano nos regaló una charla amena y nos compartió de todo, desde su proceso creativo hasta sus proyectos a corto plazo.

 

Paco, ¿qué no te han preguntado últimamente y te gustaría compartir con los demás?

Ya me preguntaron por qué escogí un tema así, ya me preguntaron cómo hice la investigación, ya me preguntaron cuáles fueron las cosas más interesantes que encontré ya me preguntaron… ¿qué no me han preguntado? ¿Por qué esta última pasión por la historia y no por la novela? Normalmente no acepto presiones, esto quiere decir que el editor no me dice qué libro tengo que escribir, ni cuándo ni cómo. Yo hago mis proyectos y cuando están listos los entrego. Y no acepto presiones porque a lo largo de mi carrera como escritor he ganado libertad y no quiero negociarla. Si aceptas dinero por delante o si firmas contratos, si cualquier cosa, estás jodido, y pierdes tu margen de libertad que es muy importante para mí, muy importante [enfatiza]; es lo que me permite ser feliz escribiendo y escribir lo que quiero, cuando quiero y como quiero. La academia o el comercio del libro te amarran, te crean obligación.

Entonces, la literatura me apasiona y me di un gustazo escribiendo El retorno de los tigres de la Malasia. Pero he estado dando conferencias de manera sistemática en los últimos cuatro años en prácticamente todo el país, pero sobre todo en los barrios de la Ciudad de México, con diferentes grupos, por todos lados, y notas instantáneamente una presión tremenda de la gente para que les cuentes la historia de México de otra manera. De alguna manera esta presión me ha llegado, y la he hecho mía. Y eso me empuja cada vez más a escribir temas de historia de México con mecanismos de historia narrativa. Tengo que cuidarme porque aveces me apetece descansar y salirme a la novela. Esta presión está dando resultado, me siento cada vez más comprometido hacia ciertos temas de la historia de México que me apasionan y en mis proyectos en los que estoy trabajando, investigaciones muy a largo plazo, empiezo una investigación y por años la arrastro y voy sumando, sumando, sumando libros y consiguiendo documentos, cada vez me generan más interés.

 

¿Cuáles son los disparadores que tienes para escribir un libro?

Para mí los disparadores para escribir un libro son mi propia curiosidad: ¿qué pasó?, o sea, los escribo para contármelos. En el caso de El Álamo el disparador fue: no es posible que permitas que una parte de la historia de México te la cuente Hollywood, un mexicano culto no puede darse ese lujo, y además que te la cuente mal y sea falsa. Y conforme avanzas más y más la motivación crece. Entonces, estos disparadores de la curiosidad crecen y crecen y crecen y crecen. Podría decir lo que dije alguna vez hablando de mis propias novelas: escribo los libros que me gustaría leer, lo cual no quiere decir que mi ejercicio literario sea autorreferencial, porque tengo las curiosidades que tiene cualquier mexicano, eso explica por qué conectas, si no estarías escribiendo libros para ti mismo, y no es mi caso, pues soy un escritor que ha vendido miles de libros en estos los últimos años porque mis textos conectan con la gente.

Alguna vez me dije a mí mismo de la frase de Fidel Velázquez, “si te muevas mucho, no sales en la foto”, con la cual ese personaje proponía como actitud ética la inmovilidad. Yo al revés, practico la lógica de Speedy Gonzalez, “si te mueves muy rápido, no permites que te pongan etiquetas”. Pero, además, yo estoy en la literatura por pasión y placer. Entonces, el pasar de El Álamo a una novela sobre la juventud de mi padre es un acto de liberación. Yo nunca me aburro escribiendo ni me canso. Nunca puedo decir: “no tengo temas”, pues tengo catorce o quince libros empezados, cual más locas historias, son las historias que me apetecen, y no tengo miedo a cuando me siento a trabajar y surge de repente un nuevo tema, no tengo miedo, no me digo: “no, ¿cómo vas a meterte en algo nuevo si tienes quince libros empezados?”. Vuelvo locos a mis editores porque me preguntan ¿qué sigue? y les respondo que no sé. ¿Cómo que no sabes?, ¿qué estás haciendo? me contestan, a lo que replico esto, esto y lo otro. Preguntan ahora, ¿pero éste ya está listo? Respondo que no, que estarán el día en que estén. Por eso los vuelvo locos, pero ni modo, estoy defendiendo mi derecho de libertad.

Taiboin1

¿Qué piensas de que Bill Clinton sea uno de tus lectores?

Bill Clinton y Fidel Castro fueron mis lectores en la misma época, ¿chistoso no? Uno escoge a sus autores, no a sus lectores. El Álamo no es un libro escrito para Clinton ni escrito para Fidel, es un libro escrito para quien lo quiera leer. Influyó mucho lo que antes mencioné, el que de repente dando una conferencia en el camellón de la colonia Plutarco Elías Calles la raza diga “¿y qué pasó en Texas, Paco?” y tu digas “Ay güey, no sé”.

 

¿Qué opinas de la enseñanza de la Historia y de los académicos que se dedican a esta disciplina?

Somos una generación que va desde la mía hasta la más joven a los que nos masacraron la historia de México, la volvieron odiosa, tediosa, aburrida, formal, donde no hay identidad; sin embargo, la Historia es justo lo contrario. Y al respecto, estoy dispuesto a discutir en cualquiera de los foros académicos de las escuelas de historia, desde El Colegio de México hasta la UNAM, pasando por la ENAH y la Ibero, etcétera. Estoy dispuesto a discutir en público con cualquiera de los profesores que están en esas instituciones si alguno de mis libros no tiene rigor, y que lo demuestren. ¿Qué es lo que no puede gustarles? ¿Que aplico artes narrativas a la hora de contar? Esas artes me parece esenciales en la Historia. Parece olvidárseles a los historiadores que la Historia es un fenómeno que crece en la investigación para volverse sensato y tener sentido en la divulgación. La Historia se escribe para contarla, y eso significa que hay que saber contarla. Pero se les olvida que en esencia la Historia es también un arte narrativo. O sea, tienes que elegir, los personajes están ahí, las historias están ahí, pero voy a meter estos ocho al mismo tiempo o voy a dosificarlos en el proceso de la narración. El rigor de la investigación no quita que los vayas presentando de tal manera que los personajes adquieren su momento de atención del lector, por eso hay arte narrativo, si no, haces libros ilegibles y aburridos, mal contados.

No es posible que en la Escuela de Antropología, cuando discutimos hace años el programa de estudios hubiera tres cursos de Paleografía y ni uno solo de Narrativa. No es posible. No es posible que le des tres cursos a los chavos para enseñarles a leer documentos del siglo XVII y que no les des un solo curso de cómo contar la Historia.

Es entonces cuando la academia se vuelve una reproductora: profesores que enseñan a estudiantes que se volverán profesores que enseñarán a otros estudiantes. Pierdes la esencia del sentido de la Historia. La Historia se investiga para contarla a los ciudadanos porque es SU Historia, no de quien la cuenta.

 

¿Cuál sería la visión de la Historia del régimen actual?

El régimen actual de México no parte de un libro de Historia, parte de una lectura equivocada de una telenovela venezolana combinada con El Gato con Botas, no dan para más. Si hubieran leído, estarían cerca de Limantour y los científicos porfiristas. Él es quien hace un diseño de patria acorde con el panismo. Pero no han leído, y ni siquiera pueden encontrar esa identidad. Y luego no se atreven a confesar que les cae bien Victoriano Huerta y que les gustan los oropeles de Santa Anna. Hubo una exposición que era muy sintomática del nuevo régimen: la exposición de Bernardo Reyes, que se hizo en el Castillo de Chapultepec. Era una exposición de loa al gran general porfiriano, que tiene unos momentos de disidencia con Porfirio por razones tácticas, no por razones esenciales. Él es uno de los provocadores del golpe de estado contra Madero. Esta exposición retrata muy bien al régimen actual, pero lo retrata mucho más lo que hicieron con los pobres huesos de los caudillos de la Independencia que sacaron a pasear, es una falta de respeto y de información. O que a la hora de hacer la exposición que montaron en el Zócalo hayan comprado muebles viejos mexicanos en subastas a empresas inglesas. Los retrata a estos güeyes, la “nacoburguesía” mexicana se retrata, así como el PRI está absolutamente retratado en la metáfora del Juárez pastorcito: tú podrás ser indígena y pastorcito, pero si eres Licenciado, ¡ya chingaste! Esta es la metáfora que más retrata al PRI. El PRI tiene que encontrar profundas identidades con Carranza, que no sólo Don Venustiano es el autor de algunos de los momentos más ingratos de la historia presidencial de México, sino también es el autor directo del verbo “carrancear”, que significa abrir todos los pinches cajones que encuentres y no dejar nada en ellos. Pero tampoco tienen esta lucidez de la lectura de la Historia. En general Peña Nieto retrata al nuevo priismo, que es un priismo basado en el analfabetismo histórico absoluto construido sobre el modelo Televisa y sobre la ambición exagerada, desmedida, enloquecida del poder por el poder. El último Peña Nieto que ha pasado desapercibido es bien bonito, lo recorté y me lo guardé porque no quiero que se me olvide. En Mérida, en enero pasado, declaró textualmente que “las profecías mayas explicaban el futuro triunfo del PRI en 2012”. Primero, las profecías mayas son una elaboración fraudulenta de algunos elementos proféticos en el mundo maya antiguo; segundo, ¿a qué horas este güey habló con los mayas y los convirtió en priistas? [suelta una larga carcajada].

Yo creo que incluso los historiadores progresistas norteamericanos que se han dedicado a destruir el mito de la heroicidad, tienen una debilidad en sus textos: no le dan profundidad suficiente a dos fenómenos que están detrás de la guerra de Texas y de la independencia texana. Estos dos fenómenos son esencialmente la pervivencia de la esclavitud en Texas, prohibida por la constitución mexicana de la época, y la especulación de tierras. A esto se suma un tercer elemento: el descontento de los colonos con la política centralista y autoritaria de Santa Anna, hecho absolutamente justificado. Pero los dos ejes están ahí escondidos.

Cuando empiezo a analizar los movimientos de las compañías especuladoras de tierras que vendían tierras que nunca habían visto, y que hicieron unos grandes negocios, y que se inventaron el mito de “La Texas maravillosa” para atraer a aventureros que les sostuvieran el proyecto y la esclavitud. En el momento crucial de la guerra creo que hay 30 mil esclavos, no tengo la memoria exacta, pero muchos de ellos estaban disfrazados, pues aparecen bajo la forma de trabajadores con contratos de cien años, la cual es una manera de disfrazar la esclavitud, pero sometidos de facto al régimen de esclavitud. En mi libro se muestran absolutas paradojas. El gran testigo de la muerte de Travis es Ben, su esclavo que está con él en el Álamo. Después de que Ben llega y cuenta a la convención texana qué fue lo que pasó en el Álamo, alguien dice: “espera, espera, pero tú eres esclavo”. Entonces el testamento de Travis se ejecuta y Ben pasa heredado como esclavo a los herederos de Travis. Es la paradoja de las paradojas. Uno de los héroes del Álamo es negro y es esclavo, chíngatelo. Ben termina fugándose y huyendo a México. Sin esto, no entiendes el porqué de la guerra de Texas.

Dudé mucho si entrar o no en el asunto del cine y de Hollywood, pero de repente descubrí que es fundamental. El libro son dos cosas: lo que pasó y cómo se contó. Para contar cómo se contó tienes que partir de que el tema de El Álamo es el tema histórico más filmado por el cine norteamericano, más que Okinawa, más que Washington, más que la batalla de Gettysburg, más que cualquier otra cosa. Es “El Tema”. Mientras te das cuenta cómo la educación en Estados Unidos la construye una combinación maligna entre la televisión y el Hollywood conservador. Pero además había ciertas claves ahí que es el tratamiento mercadotécnico de Walt Disney con la primera serie de Fess Parker y el tratamiento político-ideológico de John Wayne en plena guerra de Vietnam haciendo una película de ardor patriótico para confrontarse a los estudiantes que están contra la guerra, y es clave para entender cómo se contó el Álamo.

De todo lo que vi de cine, y vi 22 películas, no hay ninguna que se atreva a romper con el mito del Álamo y no hay versión mexicana de este acontecimiento. El cine no es mi mundo, y en lo personal me interesa menos para trabajar en él. Me interesa la fasceta de los documentales, he descubierto que me divierto mucho haciendo documentales de historia, si se cumplen tres condiciones: mi contrato con History Channel y con Anima Films que respetan esas tres condiciones. Yo no hablo de temas que no conozco, yo no soy una carita que cuenta la historia de México, y además con este aspecto que tengo de presentadora del tiempo en Weather Channel, primera condición; segunda condición, no trabajamos con guión, trabajamos con video, y sobre el terreno vamos construyendo la narrativa; y tercera condición, cero censura.  Hasta ahora Anima ha respetado rigurosamente estas condiciones. Tengo que decir que tanto el productor Sebastián Gamba como Matías Gueilburt, el director, son rigurosísimos con el cumplimiento de las condiciones. History Channel me ha propuesto que haga otras cosas para ellos y yo dije que no. Estamos haciendo un especial sobre el Álamo, empezamos a filmar en marzo comenzando en San Antonio y luego bajando para recorrer la ruta del ejercito de Santa Anna hasta San Luis Potosí.

 

Al término de la charla, cinco personas se acercaron a pedirle a Paco que les firmara su libro de El Álamo, él, con su sencillez de siempre, los recibió y bromeó con ellos. El último Cohiba se apagó, pero ya se encendía uno más.

Comparte este contenido

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.