Hiparquia fue una de las primeras mujeres filósofas. Nació en Manorea (Tracia) y vivió durante la segunda mitad del siglo IV a.C. (346 – 300 a.C.). Muy probablemente, a través de su hermano, Metrocles, conoció al filósofo cínico, Crates, de quien fue discípula y esposa, y con quien acudía a banquetes y discusiones filosóficas.

Diógenes Laercio cuenta, en Vidas y opiniones de los filósofos más ilustres (VI, 96-98), que escribió cartas y tragedias de alto contenido filosófico y que su estilo era similar al de Platón. También se menciona, en la Suda[1], que se dedicó sobre todo al desarrollo de la lógica y que escribió varios libros, titulados del siguiente modo: Hipótesis filosóficas, Epiqueremas: Silogismos incompletos o de probabilidades, y Cuestiones (José María Zamora Calvo, 2018). Desafortunadamente, no conservamos ninguna de sus obras y únicamente nos quedan algunas anécdotas sobre su vida y frases atribuidas a ella.

Dedicada a filosofar, Hiparquia, fue duramente criticada por sus contemporáneos, quienes la censuraban como mujer libertina, que prefería vivir alejada de la vida doméstica para dedicarse a actividades masculinas. Sin embargo, ante tales críticas, ella respondía de manera ágil e inteligente.

[…] cuando él [Teodoro] le dijo: «¿Ésta es la que abandonó la lanzadera en el telar?», respondió: «Yo soy, Teodoro. ¿Es que te parece que he tomado una decisión equivocada sobre mí misma, al dedicar el tiempo que iba a gastar en el telar en mi educación?».

(Diógenes Laercio, VI, 98).

La anécdota menciona que esto ocurrió durante un banquete en casa de Lisímaco, lugar en el que, discutiendo con Teodoro el Ateo, la filósofa ganó el debate gracias a un ingenioso silogismo que decía de este modo: 

[…] si lo que hace Teodoro no es injusto, tampoco lo será si lo hace Hiparquia. Teodoro, al golpearse, no comete injusticia; por tanto, tampoco es injusto que Hiparquia golpee a Teodoro.

(Marta González González, p.156).

Siguiendo la filosofía cínica, que muy probablemente defendía la igualdad de los sexos y de todos los seres humanos, Hiparquia vivió libremente, fuera de la moral y tradiciones de su tiempo. Fue una mujer que se gobernaba a sí misma, carente de necesidades materiales, alejada de las costumbres familiares y sociales.

Los cínicos tenían como principios el retorno a la vida natural y la búsqueda de la autosuficiencia (autárkeia); por ello rechazaban las riquezas, los condicionamientos morales y todo aquello que no era imprescindible para la vida. Vivían en la pobreza, fuera de los términos tradicionales.

Las mujeres de la Antigua Grecia, consideradas seres inferiores a los varones, eran educadas para el matrimonio y la vida doméstica, dentro del hogar; su mayor virtud era guardar silencio y no dar nada de qué hablar entre los hombres. No participaban de la vida pública, política y mucho menos de la intelectual o filosófica, por ello, Hiparquia es actualmente inspiración para muchas feministas, pues decidió siempre su rumbo, haciendo que su voluntad se impusiera por encima de la tradición.

Yo, Hiparquia, prefiero a la muelle labor femenina

la vida viril que los cínicos llevan;

no me agrada la túnica atada con fíbulas; odio

las sandalias de suela gruesa y las redecillas

brillantes; me gustan la alforja y bastón del

viajero y la manta en tierra por la noche me cubre.

No me aventaja en verdad la menalia Atalanta,

que el saber a la vida montaraz sobrepuja.

(Antología Palatina, VII, 413).

La unión de Hiparquia con Crates recibió el nombre de “matrimonio de perros” (kynogamía)[2] y era totalmente diferente al matrimonio tradicional (oîkos), que buscaba la conservación de la polis a través del cuidado de la propia casa, descendencia y servidumbre. En cambio, ellos, compartían los mismos valores y principios filosóficos, y la misma forma de vida. Se consideraban a sí mismos autosuficientes y estar con el otro era de alguna manera como estar consigo mismos, pues Hiparquia se llamaba a sí misma, “otro Crates” y Crates, “otra Hiparquia” (José María Zamora Calvo, 2018).

Respecto a su vida con Crates, también se dice, en un conjunto de cartas, atribuidas a éste, que concibieron un hijo. Se menciona: “El filósofo cínico felicita a su compañera por haber dado a luz con éxito, ya que ella, a diferencia del resto de las mujeres, se había entrenado físicamente como los atletas” (José María Zamora Calvo, 2018). Sobre la muerte de esta peculiar pensadora no se tiene ninguna noticia.

A pesar de lo poco que sabemos de Hiparquia y de las referencias negativas que existen sobre ella, en las que incluso se le llama prostituta (Martín García 2008, 553); el personaje que de ella se ha formado ha trascendido como una mujer única y admirable, que vivió libremente, fuera de la moral y prácticas de su tiempo. Esta mujer defendió su derecho a pensar y expresarse públicamente y, con ello, tal como marcaban los principios del cinismo, logró autogobernarse, siendo dueña de su voz y sus ideas.


Notas

[1] Enciclopedia bizantina sobre el mundo mediterráneo antiguo.

[2] Los cínicos (kynikos) tomaron su nombre derivado del vocablo griego, perro (kynos).

Referencias y bibliografía

Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos más ilustres, Madrid, Alianza, 2013.

José María Zamora Calvo. (2018). Viviendo en co-herencia con la filosofía cínica: Hiparquia de Maronea. 26 de enero de 2019, de Co-herencia. Revista de humanidades. Sitio web: https://www.redalyc.org/jatsRepo/774/77455380005/html/index.html#fn7

Marta González González (Coord.). Mujeres de la antigüedad: Texto e imagen, Perséfone. Ediciones Electrónicas de la AEHM/UMA, 2012.

http://www.aehm.uma.es/persefone/HOMENAJE_DURAN_ISBN.pdf

Pedro Pablo Fuentes González. (2002). El atajo filosófico de los cínicos antiguos hacia la felicidad. Cuadernos de Filología Clásica: Estudios griegos e indoeuropeos, Vol. 12, 203-251. 

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