Se trata de uno de los referentes más inmediatos de lo que podemos llamar cine posmoderno y un ícono de la cultura pop. De hecho, se podrían citar una serie de subgéneros y cintas con una influencia rotundamente notoria a partir de su propia narrativa. Hablamos de la cinta que en Latinoamérica, por allá de los años noventa, conocimos como Tiempos Violentos, hoy día mejor conocida con el título de Pulp Fiction.

Fue en el año 1990 cuando Roger Avary, un joven escritor, y Quentin Tarantino, un inquieto e incómodo cineasta, deciden escribir el primer elemento de lo que se convertiría más adelante, sin siquiera imaginarlo, en el guión de una cinta de culto. La película se estrenó en mayo de 1994 en el Festival de Cine de Cannes, donde consiguió la Palma de Oro. Posteriormente, fue galardonada con el Globo de Oro al mejor guión y obtuvo siete candidaturas en la 67ª edición de los Premios Óscar, ganando la estatuilla al mejor guión original.

La trama: simplemente compleja e incontable. La película empieza con una pareja de ladrones sentada en una cafetería. Mientras desayunan, en medio de una charla cotidiana y burda como cualquier otra, les surge la idea de asaltar el mismo lugar en que se encuentran; lo demás, ya lo sabemos de memoria.

Desde el primer diálogo, Tarantino aborda temas tabú de nuestra época: mundanización, inmigración, trabajo ilegal, ausencia de héroes, violencia. En esta secuencia el filme propone un retrato caótico de nuestra era, pero su agudeza apunta mucho más lejos.

En primera instancia, Pulp Fiction puede resultar un tanto desconcertante ya que su narración repleta de rupturas temporales, tanto flash-backs (saltos retrospectivos) como flash-forwards (saltos prospectivos), termina por entretejer historias múltiples y complejas con un entrañado propio pero sorprendentemente independientes entre sí, que de ninguna manera se nos presentan cronológicamente. Tarantino, en este sentido, es un excelente jugador de Tetris Puzzle muy al estilo de Cortázar que acomoda y desacomoda las piezas a su antojo sin perder congruencia en la narración, de modo que el producto resultante adquiere una sólida coherencia sin necesidad de justificar la temporalidad en las distintas transiciones del filme.

La película está estructurada como un rompecabezas en el que numerosos sketchs, que generalmente Tarantino deja inconclusos, se entrecruzan. La deconstrucción narrativa –si la podemos llamar de este modo– es tal que resulta una película imposible de contar. Tarantino nos muestra diálogos insustanciales, escenas que prácticamente no sirven para nada y que pretenden desestructurar al espectador. Pulp Fiction está llena de giros inesperados, es azarosa y poco predecible, nada ocurre tal como se había previsto. ¿Qué pretende Tarantino al hacer esto? A ciencia cierta no lo sabemos, pero la narrativa de la cinta es un sobresalto para cualquiera que la mire por primera vez.

¿Dialéctica lacaniana?

Desde una perspectiva piscoanalítica, este filme da por hecho un mundo que funciona sin lo Otro. Para Lacan, los sujetos contemporáneos, desapegados de las referencias del Otro, permanecen a merced de una dinámica social regida por el funcionamiento de cierto mercado. En este sentido, lo que caracterizaría la subjetividad contemporánea sería la categoría de “consumidor” que desemboca en el rol del objeto deseado.

El problema ya no es pertenecer a la cadena productiva, sino estar inmersos en una cadena de consumo donde ya no importa la sustancia o el tipo de objeto ni su calidad. Tarantino, siguiendo esta línea y a manera de metáfora, utiliza el concepto “pulp” (proveniente de “pulpa” y aludiendo a la literatura barata) como título de la película plenamente consciente de ello. Como el propio director sostiene en una entrevista: “Lo que he hecho hasta ahora se engloba decididamente en lo que yo llamo ‘ficción pulp’, un libro de bolsillo del que nadie se preocupa. Lo lees, te lo metes en la bolsa, te sientas sobre él en el autobús, y las páginas empiezan a despegarse”.

Estas palabras evidencian de qué manera el director pondría en el mismo conjunto a una Coca-Cola y a Kevin Costner, exponiendo así la operación mediante la cual un sujeto Kevin Costner, un sujeto que trabaja de actor se transforma en uno de los objetos de consumo que Estados Unidos exporta. En Pulp Fiction, como lo menciona el escritor Jorge Assef en un artículo para la revista Ética y Cine Journal, “los objetos son despojados de su valor simbólico y se revelan equivalentes. No llevan la carga ideológica de otros tiempos sino que valen por el hecho mismo de ser objetos de consumo y, justamente por eso, valen tan poco, porque siempre pueden ser remplazados por otros. De esta manera todo se convierte en pulp”.

Es así que Tarantino hace crítica y sátira al mismo tiempo, muy al estilo de Erasmo de Rotterdam, con la poderosa alquimia del humor negro. Si bien el cineasta nos ofrece un retrato caótico de la sociedad en donde lo que parece reinar es más bien el efecto de extravío, el desconcierto y el sinsentido, el autor se presenta orientado por lo real, por lo que no se puede prever.

Un ejemplo de ello nos lo muestra de nueva cuenta Jorge Assef en la clásica escena de la sobredosis de Mía: para rescatarla le aplican una inyección de adrenalina directa al miocardio, mientras una mujer mira fascinada esa situación grotesca y exclama: Amazing! (asombroso). “Tarantino en sus películas nos proporciona una dosis concentrada del mundo en el que vivimos, un poco exagerada y con una fuerte tendencia a la parodia. En ese desfile ensordecedor de violencia, grotesco y de comida chatarra, es que su cine interpreta algo de nuestro tiempo, y nosotros, por momentos, somos esa mujer que mira el espanto y exclama: Amazing!”; es decir, esos hombres a los que ante una realidad tan aparentemente asquerosa no les queda de otra que sólo levantar la ceja.

¿La gran enseñanza de Pulp Fiction es que en tiempos de mundanización y consumo masivo de chatarra posmoderna, la salvación sólo puede venir del sujeto? Resulta un tato complejo dilucidarlo, pero Tarantino describe la condición posmoderna de manera bastante cabal, y eso sí es digno de asombro.

thruman

Sobre El Autor

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.