Existe un dicho acreditado según el cual la sabiduría se adquiere no ya leyendo en los libros sino en los hombres.

Thomas Hobbes, Leviatán.

Thomas Hobbes (1588-1679) es considerado, por algunos historiadores de la teoría política, como George Sabine: “el más grande de los escritores de filosofía política que han producido los pueblos de habla inglesa”. Esto se debe al gran impacto que dejaron sus trabajos en la posteridad y porque, es, propiamente, el primer “politólogo” que hay.

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Los escritos políticos de Thomas Hobbes tienen como antecedente las guerras civiles inglesas, y surgieron con la finalidad de apoyar la instauración del gobierno absoluto. La Europa de su tiempo, inmiscuida en un latente “estado de guerra”, se encontraba desconcertada. No había un orden a seguir; las leyes divinas habían sido puestas en duda por la Reforma y no se tenía un nuevo orden establecido. Los hombres no habían instituido una nueva moral y, por lo tanto, no tenían una idea clara de “justicia” que les permitiera continuar con sus sociedades.

Parecido a Maquiavelo, una de las mayores preocupaciones que señala Hobbes en su Leviatán, su texto político más emblemático, es la unidad de un Estado fuerte, capaz de mantener la paz y permitir el desarrollo del hombre; objetivos que no pueden lograrse sin un estereotipo de “vida buena”. Hobbes plantea un Estado, llamado, Leviatán, al cual describe de la siguiente manera:

“[…] gracias al arte se crea ese gran Leviatán que llamamos república o Estado (en latín civitas) que no es sino un hombre artificial, aunque de mayor estatura y robustez que el natural para cuya protección y defensa fue instituído; y en el cual la soberanía es un alma artificial que da vida y movimiento al cuerpo entero”.

(Thomas Hobbes, p.3).

El Leviatán será entonces constituido por una multitud de hombres que, a través de un contrato, ceden, a un solo hombre –el soberano–, el poder absoluto a cambio de protección, paz y la posibilidad de una vida decorosa. Pues en “estado de naturaleza” sería imposible mantener una buena convivencia. Con esta idea, Hobbes sentó las bases del contractualismo, base de los Estados modernos.

Estado de naturaleza, según Hobbes

Antes de proponer una forma de gobierno, Hobbes estudió la naturaleza humana, misma que le resulta desconfiada y competitiva. El hombre es, en general, igual en capacidades potenciales y, de acuerdo a lo señalado por el autor del Leviatán, de la igualdad procede la desconfianza, ya que, al ser iguales en capacidades, todos los hombres desean y “merecen” lo mismo; sin embargo, no todos podrán tener lo mismo. De esa desigualdad entre los “iguales” aparece la competencia y la enemistad, mismas de las que se deriva un “estado de guerra” y una constante lucha.

Dado que las diferencias entre hombre y hombre son mínimas, lo que es poseído por uno es deseado por el otro y sin existir ningún impedimento que prohíba al segundo intentar arrebatar al primero lo que es “suyo”, éste puede hacerlo, incluso a través del asesinato. Durante este período o “estado de naturaleza”, no existe la propiedad y las cosas sólo pertenecen a cada hombre según pueda conservarlas; por lo que hay constante desconfianza y miedo. Por estos motivos es preciso encontrar, o en su defecto construir, una fuerza común y mayor a todos los hombres, un poder que sea superior y bajo el cual se encuentren todos atenidos, con el fin de garantizar la integridad, orden y seguridad de los iguales.

“En esta guerra de todos contra todos, se da una consecuencia: que nada puede ser injusto. Las nociones de derecho e ilegalidad, justicia e injusticia están fuera de lugar. Donde no hay poder común, la ley no existe: donde no hay ley, no hay justicia”.

(Thomas Hobbes, p 104).

Por lo tanto se necesita un poder común, que no es más que el gran Leviatán, el Estado absoluto, que al ser respetado por todos los hombres, es capaz de instaurar el orden y la paz, siendo de este modo posible el desarrollo de una vida conveniente. Éste debe proveer las normas necesarias para vivir en armonía y que ésta no dependa de cada individuo, de su fuerza o de su ingenio.

El Estado absoluto o Leviatán

El Leviatán se funda en el miedo y la supresión de los derechos individuales para entregárselos a un ser capaz de crear y hacer ejercer las leyes, es decir, aquellas reglas que ordena el Estado para que el súbdito pueda distinguir entre los justo y lo injusto, lo apegado a la ley y lo que le es contrario [1]. La cesión voluntaria de los derechos, la restricción hacia uno mismo resulta posible sólo bajo el instinto de conservación, pues todo hombre desea el poder, todo hombre quiere tener el dominio sobre los demás y de hecho, tanto es su deseo de dominio, que Hobbes proclama un poder mayor a cualquier individuo para que ninguno le supere en fuerza.

“La causa final, fin o designio de los hombres (que naturalmente aman la libertad y el dominio sobre los demás) al introducir esta restricción sobre sí mismos (en la que los vemos vivir formando Estados) es el cuidado de su propia conservación y, por añadidura, el logro de una vida más armónica […]”.

(Thomas Hobbes, p.137).

Al perderse la ley divina como lo absoluto, ordenador de la vida humana y dadora de paz, el hombre no tiene más opción que construir su propia seguridad y leyes: el Estado. Lo más importante, a este respecto, es para Hobbes, la unidad del poder representado por el gran soberano absoluto, en quien recae todo el poder, con el propósito de que ningún otro quiera igualarle y se caiga nuevamente en un estado de discordia. Por ello, por propia conveniencia, los súbditos están dispuestos a respetarle, siempre y cuando sea capaz de protegerlos, pues esta sumisión sólo habrá de durar el tiempo que el Estado sea capaz de protegerles.[2]

Conclusión

Las ideas asentadas en el Leviatán, de Thomas Hobbes, publicado por primera vez en 1651, son fundamento de los Estados modernos, en los cuales se da por sentado un contrato entre hombres y gobierno. En dicho contrato, se establece que el gobierno garantizará, a través de leyes y el ejercicio del poder, la justicia, libertad, y, los medios necesarios para que los ciudadanos se desarrollen y tengan una vida decorosa. De acuerdo con Hobbes, ese contrato duraría el tiempo que el Estado sea capaz de cumplir con su parte.

Actualmente, estamos frente a una gran crisis, económica, política y ecológica global, que está poniendo a prueba a todas las naciones. Los altos índices de pobreza, contaminación y violencia, ponen en duda dicho contrato social; por lo que, es menester que, tal como hizo Hobbes en sus tiempos, repensemos la política y la organización social, con el fin de crear una nueva idea de gobierno, que atienda al tipo de personas que somos hoy, y las necesidades actuales.

Notas


[1] Hobbes, Thomas. Leviatán, p. 217.

[2] Cfr. Ibid. p.180

Bibliografía

Hobbes, Thomas. Leviatán, México, FCE, 2006.

Sabine, George H. Historia de la teoría política, México, FCE, 1988.

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Título: Leviatán o la materia, forma y poder de un Estado eclesiástico y civil.

Autor: Thomas Hobbes

Tema: Filosofía política

Editorial: Alianza

Traductor: Carlos Mellizo

Páginas: 580

Absolutismo

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