El Land Art es una corriente artística surgida en la década de los 60´s cuya pretensión es demostrar los vínculos que existen entre el hombre y la naturaleza a partir del entorno.

Comúnmente relacionamos la palabra “arte” con pinceladas, pedazos de mármol tallado o, en el peor de los casos, con cuadros colgados en la pared de la sala. Este es, generalmente, el concepto en que tenemos al arte; al menos, es la imagen que proyecta en varios de nosotros escuchar la palabra. Pero hablar de arte implica mucho más. Es complicado hacerlo porque hay un gran número de movimientos, corrientes y estilos que son clasificados como tal. Por lo general, existe una serie de herramientas (materiales) destinados para hacer arte: óleo, carbón, acuarela, temple, cobre, sólo por mencionar algunos. No obstante, este tipo de materiales ya predestinados a un uso específico determinan, de alguna manera, la forma de producir arte. Pero existen corrientes artísticas que buscan descontextualizar esta forma de producción. Las vanguardias y el arte contemporáneo han tenido la pretensión de romper con el clasicismo y las prácticas convencionales; a su vez, son una forma de protesta, un mecanismo de subversión que trata de mostrar la inconformidad ante ciertos sucesos.

Los años sesenta estuvieron plagados de revoluciones. Hippies, pacifistas e idealistas caminaban por las calles externando su inquietud ante la guerra y la destrucción que predominaba en distintas partes del mundo. Los jóvenes luchaban a favor de la paz y la libertad de expresión, de modo que comenzaron a aparecer diversas formas de propaganda. La guerra traía consigo no sólo la destrucción del hombre, sino la devastación del planeta, y comenzó a brotar, en ciertas comunidades, un germen de preocupación ante tales circunstancias. Una de tantas fue la comunidad artística.

Como respuesta a tales acontecimientos, algunos artistas decidieron salir de sus talleres, dejar de lado sus materiales y tomar los elementos de la naturaleza para hacer arte. Es de esta manera que nace el Land Art (arte de la tierra). Si bien emerge con la intención de manifestar una inconformidad hacia el daño que provocamos a la tierra, también fue una forma de externar malestar hacia la institución que regula las artes. La idea era llevar el arte al mundo, sacarlo de las galerías y los estudios para exponerlo de facto, formando parte del entorno y desafiando los métodos de producción artística establecidos.

El Land Art surge en los Estados Unidos a finales de los años sesenta. El término es, en realidad, una contracción de Landscape Art (arte del paisaje), y se tomó del título de la película homónima de Gerry Schum, que se emitió el 15 de abril de 1969, en el canal Sender Frieies Berlin (SFB). En ella se mostraban las obras de ocho artistas europeos y norteamericanos, concebidas explícitamente para esa película y realizadas durante la emisión de la misma en lugares remotos y ajenos (canteras, pantanos, desiertos). En la película aparecen ya los que iban a constituirse como algunos de los más importantes representantes del movimiento, como Marinus Boezen, Jan Dibbets, Barry Flanagan, Michael Heizer, Richard Long, Walter de Maria, Dennis Oppenhein y Robert Smithson. A esta primera película experimental le siguió una segunda, titulada Identifications, menos conocida que la anterior. No obstante, el movimiento se hizo más popular en Estados Unidos con el término Earthworks (obras de la tierra), empleado para una exposición de 1968 en la Dwan Gallery de Nueva York.

El Land Art utiliza el espacio natural como soporte de la obra. Anteriormente, el paisaje había sido para el artista un objeto de descripción, pero en el Land Art pasa a convertirse en su propia obra de creación. Los artistas del movimiento llevan a cabo toda una serie de manipulaciones y transformaciones sobre el paisaje, con la intensión de manifestar que hombre y naturaleza son un todo. Generalmente las piezas adquieren grandísimas dimensiones y son efímeras, pues están construidas con madera, tierra, piedras, arena, rocas, por lo que desaparecen debido a la erosión del terreno, la lluvia, las mareas o porque el propio artista desarma su obra una vez cumplido su propósito.

Algunas de las características del movimiento son:

– La integración con el entorno es fundamental. Las obras se conciben para un emplazamiento concreto y se realizan en el mismo. Su creación implica la modificación de superficies, estructuras y materiales que forman parte del lugar.

– El artista pretende provocar emociones y sensaciones en el espectador que contempla la naturaleza, modificando para ello una pequeña porción de la misma. Esto les confiere un sentido místico o misterioso.

– La obra de arte no está concebida ni para ser vendida ni para ser exhibida en un museo, con lo que también se busca denunciar la comercialización del arte.

– Se rompe con la tradición escultórica, en cuanto que ahora una escultura bien podía ser un montículo de arena, un campo de barras metálicas, una cabaña sepultada por la tierra o una senda en el césped.

– Usan un mínimo de elementos expresivos y parten de trazos primarios: línea recta, círculo, cuadrado, espiral, cruz, zigzag.

Debido a sus características, es muy común asociar al Land Art con el Ecologismo, sin embargo, la mayoría de los autores que participan de esta forma de expresión, como Robert Smithson, veían el movimiento ecologista con cierta distancia y reservas. Esa relación con el Ecologismo se da en autores o en experiencias y actividades muy concretas, como Time Landscape (Paisaje temporal), de Alan Sonfist, que plantó un jardín en una céntrica zona de Manhattan; o Wheatfield A Confrontation (Trigal, un enfrentamiento), de Agnes Denes, que organizó la siembra y posterior recolección de trigo en un solar abandonado de la misma región.

A mediados de los años 70 aumentó la cantidad de artistas que se sumaron a esta forma de expresión, algunas de ellas mujeres, que hasta entonces no habían participado demasiado en el Land Art. Entre ellas podemos destacar a Alice Aycock, Nancy Holt, Patricia Johanson y Mary Misss. Además de ellas, artistas de la importancia de James Turrell, Dani Karavan o Charles Ross, incrementaron el número de artistas que forman parte del movimiento.

Si bien el Land Art es un movimiento del siglo pasado y hoy día existen mucho más corrientes artísticas que buscan dejar de lado las prácticas convencionales, cabría preguntarse si la naturaleza pasa de moda. Sin caer en ecologismos ni fatalismos, valdría la pena preguntarnos –o al menos tratar de entender– cuál era el verdadero propósito de los artistas del Land Art; ¿será que necesitamos ver cómo nuestra tierra, nuestro mundo, se desmorona para tratar de hacer algo ante lo que está pasando? No se necesita ser ecologista, ambientalista o formar parte de Greenpeace para percatarse de que la naturaleza nos está cobrando la cuenta después de tantos atentados en su contra; ojalá, al menos, manifestáramos nuestra inconformidad ante tal situación como algunos lo han hecho. Para muchos, el arte no tiene ninguna utilidad práctica dentro del ámbito capitalista; para otros, el arte mueve montañas. En el caso del Land Art, la expresión es literal.

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