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«Igual que Leonardo Da Vinci estudió la anatomía humana y disecó cuerpos, yo intento disecar almas». Edvard Munch.

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A través de la pintura, Edvard Munch reflejaba sus sentimientos, anteponiendo las emociones a la realidad. Su obra, considerada como la iniciadora del expresionismo, transformó el arte de su época e influyó considerablemente en los pintores posteriores. Sus cuadros retratan melancolía, angustia, soledad y muerte; pero también podemos encontrar en ellos, reflejos de erotismo, vitalidad y deseo.

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La danza de la vida, Edvard Munch, 1899.

La danza de la vida, Edvard Munch, 1899.

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Famoso por su obra “El grito” –una de las más parodiadas del arte–, Munch es hoy en día uno de los pintores más cotizados y considerado el mejor artista noruego de todos los tiempos. Sin embargo, este personaje es mucho más que un solo cuadro. Comenzó a pintar desde su adolescencia y jamás dejó de hacerlo, por lo que entre su producción hay más de 1,800 óleos y 10,000 grabados.

Edvard Munch fue un hombre solitario, con una vida difícil y melancólica (perdió a su madre y a su hermana cuando era muy joven). Su padre, un hombre religioso y estricto, fue quien –según el propio artista– forjó en él una personalidad conflictiva y, a la vez, su genio. El alcoholismo y la depresión lo atormentaron durante su madurez, lo mismo que la soledad, la angustia y el nerviosismo.

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Melancolía, Edvard Munch, 1895.

Melancolía, Edvard Munch, 1894-95.

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Fue discípulo del pintor naturalista, Christian Krohg. Durante sus primeros años, sus trabajos tienen una clara influencia del impresionismo y postimpresionismo, mas poco a poco, va surgiendo su propio estilo. Durante 1892 realiza varias exposiciones en Europa, una de ellas en Berlín, que generó escándalo, por lo que fue retirada.

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Atardecer, Edvard Munch, 1888.

Atardecer, Edvard Munch, 1888.

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En 1893, a la edad de 30 años, pintó “El grito”, cuadro que formó parte de su ciclo pictórico, El friso de la vida, que incluye sus obras realizadas durante la década de 1890 a 1900, las cuales son las más conocidas del pintor.

Munch escribió en 1892, al respecto de “El grito”: «Iba por la calle con dos amigos cuando el sol se puso. De repente, el cielo se tornó rojo sangre y percibí un estremecimiento de tristeza. Un dolor desgarrador en el pecho. Me detuve; me apoyé en la barandilla, preso de una fatiga mortal. Lenguas de fuego como sangre cubrían el fiordo negro y azulado y la ciudad. Mis amigos siguieron andando y yo me quedé allí, temblando de miedo. Y oí que un grito interminable atravesaba la naturaleza»1.

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El grito, Edvard Munch, 1893.

El grito, Edvard Munch, 1893.

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La exposición de este ciclo pictórico comienza a la siguiente década de su producción; con ella Munch alcanza el éxito. No obstante, su vida de artista no es completamente sencilla, el gobierno nazi confiscó varios de sus cuadros por considerarlos degenerados y polémicos, por lo que su obra no es bien aceptada en Alemania; sin embargo, es durante la segunda guerra mundial que el pintor se hace mundialmente famoso y realiza exposiciones, por primera vez en América, específicamente en Nueva York, en 1942, cuando tenía casi 80 años.

Edvard Munch murió el 23 de enero de 1944, a las afueras de su ciudad natal, Cristianía (hoy Oslo). Tras su fallecimiento, su obra es donada a su ciudad.

 

1. Simón Marchán Fiz, Las vanguardias en las artes y la arquitectura (1900-1930), I, Espasa, Madrid, 2000, pág. 57.

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