El estudio filosófico del lenguaje, en su vertiente continental, se ha centrado en preguntarse acerca de su validez respecto de la realidad, específicamente en su origen. ¿Será filosóficamente válido el buscar ese origen? ¿Qué tanto contribuye el buscar el origen de la lengua a la pregunta de la correspondencia entre lenguaje y realidad?

El lenguaje es una realidad intrínseca en el hombre; es parte constitutiva de su esencia puesto que no es posible concebir al ser humano sin lenguaje. A lo largo de la historia de la filosofía los distintos pensadores han considerado el lenguaje desde su entorno cultural. Urban[1] menciona que durante esta historia han existido valoraciones inferiores y superiores del lenguaje y, respecto de esta división, realiza una clasificación en etapas históricas: a) El escepticismo sofístico y la rehabilitación de la palabra; b) El nominalismo y la reacción realista; c) El empirismo y la reacción trascendental; d) Humboldt y Hegel: la filosofía idealista del lenguaje; e) De Hegel a Darwin. Con este recorrido histórico, Urban busca demostrar que el problema central del lenguaje se ubica en la relación entre lenguaje y realidad: ¿Es posible conocer la realidad a través del lenguaje? ¿El lenguaje dice algo verdadero acerca de la realidad?

Al respecto, podemos acudir a la postura de Gadamer, quien menciona que “el hombre es el ser vivo dotado de lenguaje”[2], y esa característica que le es esencial, debería haber centrado la reflexión filosófica en el problema del lenguaje. Sin embargo, esto no ha ocurrido así; el lenguaje ha sido olvidado. Urban afirma que “el lenguaje es el último y más profundo problema del pensamiento filosófico”[3], mas ello no quiere decir que en todo momento la filosofía se haya centrado en el problema tal problema. Urban y Gadamer coinciden en este planteamiento.

Hubo una etapa del pensamiento filosófico en la cual se buscaba con ahínco encontrar el origen del lenguaje y de la lengua. Johann Gottlieb Fichte, pensador de finales del siglo XVIII y principios del XIX, se ubica en esta etapa. Fichte menciona, en su artículo Sobre la Capacidad Lingüística y el Origen de la Lengua[4] que lo importante no es buscar el origen de la lengua, sino la necesidad que el hombre ha tenido de crearla. No obstante, para encontrar este origen es necesario suponer que la lengua prácticamente no existiera.

A Fichte le importa, claramente, encontrar el origen de la lengua, para lo cual quiere suponer que ésta no existiera. En ello encontramos un punto débil de su planteamiento, pues el lenguaje sólo se puede pensar a través del lenguaje, y es imposible desprenderse del lenguaje para pensar como si nunca hubiese existido. El lenguaje “lo envuelve todo”[5], según Gadamer. Visto desde este punto, el inicio del planteamiento Fichteano cae en severas contradicciones.

La lengua, según Fichte, es la “expresión de nuestro pensamiento mediante símbolos voluntarios”[6]. Explica que símbolos voluntarios son aquellos símbolos que sirven para indicar un objeto a otro sujeto; el símbolo puede ser una palabra, un ademán o un dibujo. Lo voluntario consiste en querer comunicar con ese símbolo un significado. La esencia del lenguaje es, pues, comunicar algo a alguien.

Gadamer, por su parte, menciona que “hablar es hablar a alguien […] el habla no pertenece a la esfera del yo, sino a la esfera del nosotros”[7]. En este sentido, observamos una coincidencia en el planteamiento fichteano y el de Gadamer. El lenguaje es para comunicar. Aunque en Fichte exista la intención de investigar el origen de la lengua, la idea de comunicabilidad del lenguaje es muy clara y, por qué no, acertada. Podría ser lo único rescatable del planteamiento fichteano sobre el lenguaje.

La capacidad lingüística según Fichte es “la habilidad de uno de denominar de forma voluntaria sus pensamientos”[8] no importando la forma en que se expresen. Fichte no se centra en el lenguaje idiomático, pero en su investigación buscará encontrar el origen de este lenguaje. En su exposición da un lugar central a la Ursprache, es decir, a la lengua primitiva, la cual es la lengua originaria. La Ursprache expresa ideas, pero no en forma de sonidos, sino de manera mímica y gráfica. El lenguaje, pues, no siempre ha sido idiomático, y el pensamiento humano no es exclusivamente basado en conceptos lingüísticos, sino en ideas que se expresan de una manera distinta al lenguaje idiomático. Lo importante y lo que Fichte resalta es que, si hay intención, voluntad de comunicar, eso es suficiente para que haya lenguaje. ¿Qué se puede comunicar si no son pensamientos creados en medio del lenguaje? Parece ser que esta pregunta no es importante para Fichte.

Las palabras tienen un origen natural y según la dinámica social primitiva, es decir, un líder que domina e impone sus palabras. Los conceptos se fueron haciendo universales hasta llegar a pertenecer a una tribu completa. Al hablar de conceptos no se hace referencia a palabras que se encuentran en la mente, sino a ideas que se encuentran en la mente, pero que son totalmente alingüísticas.

Ninguna de las afirmaciones anteriores que expone Fichte tienen un fundamento sólido. Son meras especulaciones. Decir que el pensamiento humano no está naturalmente sumergido en el lenguaje idiomático es una pretensión temeraria, pues quiere fundamentar dicha afirmación a través del lenguaje mismo, lo cual resulta contradictorio. Jamás se podrá saber cómo surgió el lenguaje idiomático y mucho menos intentar pensar el origen del lenguaje suponiendo que éste no existe.

Gadamer, por su parte, dice que “la esencia del lenguaje implica una inconsciencia realmente abismal del mismo”[9]. Inconsciencia no significa jamás un desprenderse del lenguaje, sino un estar inmersos en él; por ello, es imposible encontrar el origen del lenguaje. Fichte intenta encontrar las causas que pudiesen haber dado origen al lenguaje, pero, por la misma inconciencia del lenguaje, es imposible encontrar las causas que lo originaron.

Parece ser que la investigación acerca del origen de la lengua y del lenguaje no ofrecen mucho acerca de la problemática de la validez del lenguaje, pues todo lo que se diga al respecto será mera hipótesis. Lo único que proporciona certeza es el saber que estamos inmersos en el lenguaje y es imposible separarnos de él, pues somos seres comunicativos por estructura, y sin lenguaje es imposible pensar y mucho menos comunicar.

Fichte piensa que “se ha concedido una importancia exagerada a la lengua pensando que sin ella no hubiera tenido lugar ninguna utilización de la razón”[10]. ¿Realmente es una exageración? ¿No será, más bien, que la naturaleza propia de la razón es el lenguaje idiomático (la lengua), y por ello es imposible desprender lengua y razón? Parece más acertado decir que la razón y el lenguaje son inseparables.

El planteamiento fichteano acerca del lenguaje muestra deficiencias debido a que centra su reflexión en la búsqueda del origen del lenguaje. Esto muestra que, si se busca realizar una reflexión acerca de la validez del lenguaje, el buscar su origen es limitante, y no se puede desplegar en su totalidad la explicación filosófica del lenguaje. Para hacer reflexión libre y no limitada, es necesario ir más allá de los orígenes, y esto es planteado claramente en las reflexiones realizadas por el giro interpretativo del lenguaje.

No obstante, decir que el pensamiento es meramente lingüístico es limitarlo, pero ese es tema de otra reflexión.

 


 

[1] Marshall Urban, Lenguaje y Realidad, México, FCE, 1952, págs. 14-22.

[2] Gadamer, Verdad y Método II, Salamanca, Sígueme, 1992, p. 145.

[3] Urban, Op. cit. p. 13.

[4] Johann Gottlieb Fichte, Sobre la Capacidad Lingüística y el Origen de la Lengua, Madrid, Tecnos, 1996.

[5] Gadamer, Op. cit. P.151.

[6] Fichte, Op. cit., p.12.

[7] Gadamer, Op.cit.,p.150.

[8] Fichte, Op. cit., p.14.

[9] Gadamer,Op. cit., p.147.

[10] Fichte, Op. cit., p.23, nota 17

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