El vandalismo de los últimos días, desatado a partir de diversas manifestaciones y protestas de mujeres que han salido a exigir justicia ante la terrible situación que nos aqueja a todas las que habitamos México, uno de los países más violentos, inseguros, machistas y misóginos del mundo, ha escandalizado a un gran porcentaje de la población, dividiendo a la sociedad y generando una lucha de opiniones, sobre todo en redes sociales.

En diversos medios circulan escenas del golpe que recibió un reportero en medio de la marcha (mismo que, cabe destacar, le propinó un hombre), e imágenes de vandalismo, muchas de ellas protagonizadas por mujeres encapuchadas, ante las cuales varias personas se aterran, ofenden y empiezan a externar opiniones de censura, rechazo y desaprobación; sin embargo, la mayoría de los argumentos de tales detractores están fundados en falacias, ignorancia, prejuicios y desinformación.

A través de hashtags como: #NoALaViolencia #EllasNoMeRepresentan #AsiNo o #MarchaFeminista, he leído un sinfín de críticas, algunas que ni siquiera tienen que ver con el vandalismo. Circulan frases como: “son unas promiscuas”, “quién va a querer violar a estas gordas”, “pinches viejas locas”, “pinches feminazis”; hasta expresiones de odio e indignación, como: “ojalá que una de las próximas muertas sea de ellas”, “exigimos que sean encarceladas y obligadas a pagar los destrozos y los daños que hicieron”, “las organizadoras de la marcha promovieron esto, ellas promovieron el odio y la violencia a partir de mentiras”, etc.  

Varios de los indignados afirman que la violencia no es el medio para lograr la justicia y tienen razón, pero se equivocan al censurar las marchas feministas. Tanto les molesta que las mujeres salgan a exigir justicia que las condenan como si fueran monstruos de la destrucción, las comparan con los nazis, quienes mataron a más de seis millones de judíos, cuando las feministas no han matado a nadie y lo único que piden es igualdad y seguridad para las mujeres, que sí están siendo asesinadas todos los días en este país.

Es necesario ver más allá de las paredes pintadas y los vidrios rotos. Es preciso que la población comprenda y denuncie el verdadero problema, del cual procede toda esta “violencia”: los crímenes contra las mujeres, provenientes del machismo y la misoginia. Hay que entender que la verdadera violencia de México no ha sido causada por las mujeres que están saliendo a exigir justicia, ni siquiera por aquellas que comenten actos vandálicos; la violencia de género surgió por la irresponsabilidad, indiferencia, incompetencia y corrupción de un Estado que durante décadas ha permitido los actos más atroces contra las mujeres, dejando que los feminicidios alcanzaran cifras intolerables, mientras los responsables quedan impunes. Históricamente, el gobierno de México ha permitido que se abuse de niñas y mujeres sin castigar a los responsables y encima han culpado a las víctimas. Esta violencia es responsabilidad de una sociedad machista, ignorante e indiferente, que educa a sus hijos como predadores y a sus hijas como sumisas, calladas y obedientes; y tampoco ayudan las empresas que promueven estereotipos de género para vender más, ni las instituciones que reiteran valores retrógrados. En pocas palabras, la culpa es de todos, pero la mayor responsabilidad es del gobierno, presente y pasado.

De acuerdo con organizaciones como la CEPAL y el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), México encabeza la lista de los países con más feminicidios en América Latina. Tan sólo en lo que va del año, más de 1,199 mujeres han sido asesinadas por el simple hecho de ser mujeres, y miles han sido abusadas sexualmente. Sin embargo, el 99% de los delitos contra la mujer quedan en la impunidad. Ante tales circunstancias, las mujeres se han visto obligadas a salir a las calles a exigir justicia y, si han sobrepasado los límites de la civilidad, si están enojadas y cometen actos de vandalismo, es porque, por años nuestro sistema de justicia nos ha fallado. No conozco a ninguna mujer que en México se sienta 100% segura al salir sola a la calle, que se sienta protegida por las autoridades o que tenga plena confianza en que va a regresar sana y salva a su casa. Vivimos en un país en el que miles de víctimas han ido a denunciar una violación, pero no han sido escuchadas; en el que miles de personas han reportado la desaparición o muerte de alguna mujer de su familia sin obtener resultados; en el que más de 20,000 menores quedaron huérfanos después de que un loco mató a su mamá.

La violencia no es el primer recurso de nadie, sino el último, al que se llega cuando todos los demás medios han sido agotados sin que nadie escuche, sin que nada cambie. Los actos vandálicos de los últimos días no pueden compararse ni de cerca con toda la violencia que tenemos que soportar la mujeres, pero simbolizan que estamos hartas, cansadas de esperar a que nos escuchen por las buenas, de pedir ayuda sin que nunca llegue.

También es cierto que, como en cualquier movimiento legítimo, no falta algún grupo oportunista que aprovecha para desvirtuar la causa, provocando que muchas veces terminen por pagar quienes no la deben. Pero el asunto es más grande que El Ángel de la Independencia pintado; el problema es que mataron a: Valeria, Lesvy, Aidée, Jennifer, Nataly, Paulina, Nicole, Sol, Fernanda, Mara, Graciela, Miranda, María, Diana, Julieta, Laura y a otras miles de mujeres y niñas, pero nadie hizo nada. Los delincuentes siguen libres.

Ante esta terrible realidad hay quienes en vez de unirse a la lucha y reclamar que atrapen a esos asesinos, exigen cárcel para las mujeres que salieron a protestar. Afirman que el vandalismo no es el medio, que sin “respeto” no se puede exigir justicia. Lo que no entienden es que la mujer en México no es respetada, que la violencia no comenzó hace unos días, cuando un grupo de personas destrozó una estación del metrobús; inició porque violan y matan a las adolescentes que se dirigen a su escuela, porque hay pedófilos que abusan de niñas que no se puede defender, por los misóginos que asesinan mujeres mientras caminan tranquilamente a su trabajo y cuando alguna es golpeada por su pareja debido a celos insensatos, entre otras tantas atrocidades.

El vandalismo no es causa de la violencia en México, es más bien, una de sus consecuencias. Clic para tuitear

No apoyo la violencia, no deseo ningún mal para los reporteros, para los hombres, o cualquier persona que haya salido perjudicada por consecuencia de las marchas, pero tampoco deseo que las mujeres se callen, porque hemos sido acalladas demasiado tiempo, hemos sido pacíficas toda la vida, hemos acudido a los sistemas de justicia para exigir protección y nunca nadie nos ha escuchado.

Cuando leo a cientos de personas tan “indignadas por el vandalismo”, me siento tristemente sorprendida de saber que para muchos es más valioso un monumento, un autobús y hasta un anuncio publicitario, que la vida de las más de 25,000 mujeres que han sido asesinadas impunemente en los últimos 10 años.

A quienes se molestan por las consecuencias de estas marchas, les pregunto, ¿por qué no les enfurecen las causas?

Una Respuesta

  1. Mario M. Fozado

    Magnifico articulo. Unas con marchas y otras con la pluma las mujeres están peleando por sus derechos. A los hombres nos toca no solo respaldaras, sino marchar al parejo con ellas. Debemos asumir el compromiso de defender a nuestras madres, esposas e hijas.

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