Número 69. Expansionismo y dominación en el siglo XXI
Ver la reciente invasión de Estados Unidos a Venezuela, aunque Maduro fuera un líder muy criticable, acrecienta la preocupación general ante el acontecer geopolítico actual. Y es que Donald Trump no es discreto respecto a sus planes. Así como un día le cambia arbitrariamente el nombre al Golfo de México (llamándolo Golfo de América), al siguiente dice que Groenlandia sería un buen campo de golf para su país, o que Canadá se convertirá en su estado 51, o que Colombia, México o Cuba son sus próximos objetivos militares. Además, no es un secreto su respaldo al genocidio que está cometiendo Israel en Palestina, y es igualmente pública su presión a Zelenski para no resistir la toma de tierras ucranianas por parte de Rusia.
En síntesis, habiendo transcurrido sólo un año y algunos meses de su segundo periodo, el presidente de Estados Unidos proyecta sin reparos –con palabras y actos– que él y su nación están a favor de un agresivo expansionismo. Nada nuevo bajo el sol, ¿cierto? Los libros de historia registran la invariablemente interesada orquestación estadounidense de conflictos armados en Chile, Guatemala, Vietnam, Irak, etc., y a nadie se le escapa que aquello de la Doctrina Monroe siempre ha sido su filosofía predilecta. «América para los americanos», declaró James Monroe en 1823, y bien pronto quedó claro que quería decir, «Todo, de cualquier lugar, para nosotros».
Desde luego que, Estados Unidos no ha sido el único ni el primer país expansionista del mundo contemporáneo. Ya se mencionó aquí a Rusia, y a tal lista podemos agregar someramente a China, Francia y el Reino Unido. Aduciendo que lo han hecho para llevar más allá de sus fronteras al “hermoso” capitalismo, al “excelente” socialismo, a su “maravillosa” cultura, a su “infalible” ciencia, a la religión “verdadera”, a su “espléndida” civilización, a su “perfecta” democracia, e incluso diciendo cual Trump o Bush que proceden así por detener el peligro de las drogas o las armas de destrucción masiva (siendo el caso que Estados Unidos es una de las naciones con el armamento más destructivo, y con una de las poblaciones más consumidoras de narcóticos ilegales), los países expansionistas se valen de lo que consideran el argumento perfecto –que es cualquier pretexto– para intentar adueñarse de otros Estados y eventualmente alcanzar una hegemonía sobre… el planeta.
Entonces, ¿cuál podría ser un motivo más realista tras dichos afanes de dominación? Para los conocedores de la escabrosa historia política mundial de los últimos siglos, es evidente que se trata de ambición. Simple ambición, llevada al extremo. Muestra de ello son las donaciones de los oligarcas Elon Musk, Mark Zuckerberg y Jeff Bezos –entre otros– al gobierno del oligarca Donald Trump; hablamos de sujetos enriquecidos hasta niveles no éticos, quienes esperan enriquecerse todavía más a partir de los beneficios que les reporten tales donativos, a pesar de que ello cause terribles efectos directos e indirectos, como: guerra, colonialismo, polarización ideológica, tendencias totalitaristas, propagandismo, enajenación, represión, censura, intolerancia, desigualdad, clasismo, racismo, manipulación y ocultamiento de la historia, desacreditación de la ciencia, destrucción de la naturaleza, intensificación del fanatismo religioso, mayor ignorancia, recrudecimiento de la violencia contra las mujeres, anulación de los derechos humanos básicos en ciertos lugares, y sobre todo la muerte de incontables personas y la disminución de la libertad de expresión, de prensa, de circulación, de asociación y demás, ahora también dentro del ciberespacio.
Hecho este preámbulo, invitamos a las personas interesadas en abordar «el expansionismo y la dominación en el siglo XXI» a enviarnos textos relacionados con tal tema a la dirección convocatorias@aion.mx. Los escritos seleccionados por nuestro comité editorial formarán parte del número 69 de aion.mx, mismo que será publicado en mayo del presente año. Revisa las bases aquí.
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