Desde mi experiencia universitaria, la enseñanza del arte contemporáneo asiático contemplado con una perspectiva historicista propone a un conjunto de creadores activos a partir de la segunda mitad del siglo XX, vinculados primordialmente a la plástica y a los pulpos mediáticos de validación artística (MOMA, Louvre, Guggenheim, TATE, etc.), cuyas plataformas discursivas se erigen dentro del espacio museístico y en donde creadores como Yoko Ono, On Kawara, Shusaku Arakawa, Xu Bing, Ai Weiwei o Zhang Huan, se hacen presentes.

El hablar sobre arte contemporáneo asiático para quienes pensamos el arte resulta difícil de desentrañar. Primero, por la significación misma de lo que es arte, segundo, por los adjetivos que la acompañan: contemporáneo y asiático; tercero, por el poder que ejerce la significación del término en la enseñanza académica y, cuarto, por el sesgo que ejerce sobre diversas expresiones artísticas como el cine, la música, la filosofía o las artes marciales.

A continuación esbozo algunas consideraciones sobre nuevos índices y valores que se pueden aportar en torno al discurso sobre el arte contemporáneo asiático, a partir de uno de los artífices más representativos de la contracultura: Bruce Lee.

“Lo contemporáneo es lo intempestivo”, asegura Roland Barthes, con referencia a Friedrich Nietzsche:

El ser contemporáneo es aquel que no coincide con su tiempo ni se adapta a sus pretensiones, y es por ello, en este sentido, no actual; pero, justamente por ello, justamente a través de esta diferencia y de este anacronismo, él es capaz más que los demás de percibir y entender su tiempo.

Contemporáneo es aquél que tiene la mirada fija en su tiempo, para percibir no la luz sino la oscuridad. Todos los tiempos son, para quien experimenta la contemporaneidad, oscuros. Contemporáneo es, justamente, aquél que sabe ver esta oscuridad, y que es capaz de escribir mojando la pluma en las tinieblas del presente.

Puede decirse contemporáneo sólo aquél que no se deja cegar por las luces del siglo y que logra distinguir en ellas la parte de la sombra, su íntima oscuridad.

Ser contemporáneos es, ante todo, una cuestión de valor: pues significa ser capaces no sólo de tener la mirada fija en la oscuridad de la época, sino incluso percibir en esa oscuridad una luz que, dirigida hacia nosotros, se aleja infinitamente. [1]

Siguiendo el discurso de Roland Barthes, cabe mencionar que su pensamiento se ejemplifica con claridad en la literatura nietzscheana; El Anticristo, El ocaso de los ídolos o Sobre el porvenir de nuestras escuelas, son obras que revelan la destrucción de estructuras rígidas que condicionan el comportamiento del hombre en todos sus ámbitos; la moral, el uso limitado de la retórica en el lenguaje y los métodos acroamáticos de enseñanza en las universidades son algunos de ellos.

Cuando sobre la lectura de las obras mencionadas se dibuja nuestro presente, se vuelve ‘vigente’, que es también sinónimo de ‘contemporáneo’. De tal forma, lo contemporáneo transgrede categorizaciones estéticas, estilísticas, dogmáticas, técnicas, ideológicas, temporales, y todas aquellas que buscan hacer a la generalidad diestra, en lugar de señalar un camino en dónde hallar su propia actitud, su propio lenguaje; un método del no método, un Tao del Jeet Kune Do, en palabras de Bruce Lee.

La obra de Bruce Lee es una propuesta estética mediatizada por la industria del cine y las televisiones asiática y norteamericana. Esta última, a través de Hollywood, produjo durante la década de los sesenta, diversas series basadas en un imaginario cultivado desde los años treinta: Superman, Batman, James Bond y The green Hornet, la cual representó el debut de Bruce Lee en la televisión estadounidense bajo el personaje de Kato.

El vínculo que guardan entre sí los superhéroes norteamericanos de los años sesenta, está relacionado con la posesión de poderes ultraterrenos, el uso de la tecnología y la inteligencia vinculada al Estado. Así, podemos ver en Superman y The green Hornet su filiación al mundo del periodismo, a través del cual se accede e influye en la información. Por otra parte, tanto Batman como The Green Hornet y James Bond provienen de sociedades económicamente prósperas del mundo anglosajón.

De esta forma, el superhéroe norteamericano se inserta en la cultura popular como un estereotipo que encarna la moral y el refinamiento estético. A través de la exaltación de la inteligencia militar justifica la carrera armamentista de la posguerra y la expansión del capitalismo; es una pantalla en cuyo alter ego se revelan espejismos de profetas.

La inserción de Kato en la serie televisiva The Green Hornet (El avispón verde) replanteó las formas de articular combates, que hasta ese entonces estaban basadas en la tradición cinematográfica del western de la primera mitad del siglo XX; técnicas de lucha fundamentadas en el aprendizaje del combate cuerpo a cuerpo que los vaqueros mantenían con los indios apaches al quedar ambos contrincantes privados de sus armas.

Al confrontar las artes marciales frente a la tradición western, las escenas de la serie se artificializaron debido a la falta de un personaje que pudiera revelar las debilidades de Kato. La incursión de Bruce Lee forzaba a los productores a brindar más espacio televisivo a los combates cuerpo a cuerpo y armas tradicionales de oriente, lo que contradecía la ideología detrás del personaje de Britt Reid (el avispón verde), para quien Kato representó una máquina al servicio del Estado, cuyo mensaje era exaltar a occidente sobre oriente, la mente sobre el cuerpo. [2]

A partir de la incursión de Bruce Lee en el cine se produjo una revolución en la cinematografía que hacía uso de las artes marciales en la pantalla. De la misma forma que Tarkovsky logró hacer de la imagen poesía, Bruce Lee imprimió su filosofía a través de los cuadros fílmicos de sus combates.

Por primera vez, la imagen buscó retratar los movimientos del cuerpo de un artista marcial cuyo método de combate era un no método: El Tao de Jeet Kune Do (El puño que intercepta). [3]

El practicar un estilo de arte marcial, supone para el aprendiz la aceptación de determinada filosofía y comunidad a través de la cual se forja una identidad. Bruce Lee menciona que el casarse con determinado estilo de arte marcial condiciona la mente y no permite la libertad del cuerpo. El Karate Do, por ejemplo, goza de un mayor uso de las extremidades superiores en comparación al Tae Kwon Do, el cual utiliza las inferiores. En el supuesto caso de haber ganado el primero, el alumno creerá que su método es mejor por utilizar los brazos que los pies, privilegiando posteriormente estas partes del cuerpo sobre otras, para finalmente decir que Japón es mejor que Corea. De tal forma, el no estilo representa a su vez la liberación de categorizaciones que aprisionan la expresión individual, en detrimento del anclaje a cualquier forma de ideología preestablecida, como es el caso de la moral cristiana.

A través de esta propuesta, Bruce Lee evidenciaba las tergiversaciones que sobre el Zen habían realizado los practicantes de artes marciales alrededor del mundo, pues en el estilo se encuentran numerosos puntos de anclaje que impiden el flujo en la expresión individual cuyo pincel es el cuerpo mismo: el superhombre.

Dentro de la filmografía de Bruce Lee, existen numerosos detalles que atestiguan la presencia del Jeet Kune Do:

-Cuando Combate semidesnudo con el fin de anular significantes y establecer una no diferencia entre cuerpo y mente. [4]

-Cuando evoca estilos de diversa índole: Cha-cha-cha, esgrima, boxeo chino, wing chun, judo, lucha greco-romana, entre otros. [5]

-Cuando muestra una velocidad en el golpe superior a la de su contrincante. [6]

-Cuando mediante ejercicios de calistenia evoca el carácter maquínico del cuerpo. [7]

-Cuando mediante proverbios transmite su pensamiento. [8]

Lee adoptó diversas expresiones para crear su lenguaje: música, teatro, danza, filosofía y cine, dentro del cual, finalmente, encontró el vehículo para expandir su arte.

Desde su incursión en Hollywood hasta su éxito taquillero en Honk Kong, Bruce Lee no representó un ícono encasillado en la cultura asiática o norteamericana, sino justamente lo contrario, se erigió como ícono de la contracultura que grita: ¡sal del museo y pinta en la calle!, ¡si vuelves a él te encasillarás una vez mas!

El término de ‘arte contemporáneo asiático’ desde esta perspectiva, no está reducido a un periodo en la historia ni a espacios concretos; apela a un tiempo inclasificable que atisba los destellos de aquella luz que está perennemente en viaje hacia nosotros; una luz que atraviesa horizontalmente las tinieblas de nuestro siglo; una luz cuya presencia sólo se hace posible para quien desee verla.

Notas

[1] Giorgio Agamben. Desnudez. Standford University Press, 2010.

[2] Hay cierta idealización de “Occidente” que organiza el conocimiento de manera que resulta complaciente para el imaginario eurocéntrico. La ciencia y la tecnología, por ejemplo, se consideran normalmente como “occidentales”. Esta actitud se corresponde en el campo de la teoría con la asunción de que toda teoría es “occidental”, o que movimientos como el feminismo y la deconstrucción, sin importar dónde aparezcan, son “occidentales”; esta visión conlleva la idea de que Occidente es la “mente” y la refinación teórica, mientras que lo no occidental es “el cuerpo” y la materia prima sin refinar. Véase Edward W. Said… op. cit. p.32.

[3] Por razón de seguridad, el vivir limitado se convierte en algo muerto, un modelo escogido que limita. Para comprender el Jeet Kune Do, hay que desembarazarse de todos los ideales, modelos, estilos; de hecho, hay que desembarazarse incluso de los conceptos de lo que es o no es el ideal en el Jeet Kune Do. Véase: Bruce Lee. El Tao del Jeet Kune Do. Trad. José María Fraguas, Madrid, Eyras,1990, p. 11.

[4] La relación es entendimiento. Es un proceso de autorrevelación. La relación es el espejo en el que te descubres a ti mismo. Ser es estar relacionado. Véase el Tao… op. cit. p 15.

[5] El Jeet Kune Do favorece la forma sin forma, de modo que asume todas las formas, y ya que el Jeet Kune Do no tiene estilo, puede adaptarse a todos los estilos. Como resultado el Jeet Kune Do utiliza todos los caminos, usa todas las técnicas o medios que sirven a su fin. op. cit. p. 12.

[6] El Jeet Kune Do no golpea a ciegas. No toma caminos sinuosos. Sigue una línea recta hacia el objetivo. La simplicidad es la distancia mas corta entre dos puntos. op. cit. p.12.

[7] Las herramientas, tus armas naturales, tienen un doble propósito: 1. Destruir a tu rival frente a ti, el aniquilamiento de las cosas que están en el camino de la paz, en el de la justicia y la humanidad. 2. Destruir tus propios impulsos resultantes del instinto de conservación. Destruir cualquier cosa que moleste a tu mente. No para hacer daño a alguien, sino para vencer tu propia codicia, ira y locura. El Jeet Kune Do está dirigido hacia uno mismo. Op. cit. p.13.

[8] Desde luego es difícil contemplar la situación simplemente –nuestras mentes son muy complejas– y es sencillo enseñarle a alguien a ser diestro, pero es difícil enseñarle su propia actitud. op. cit. p.11.

 

Bibliografía

Agamben, Giorgio. Desnudez. Standford University Press, 2010.

W. Said, Edward. Orientalismo. Trad. María Luisa Fuentes, 3ra. ed., España, DEBOLSILLO,2009, pp. 21

Lee, Bruce. El Tao del Jeet Kune Do. Trad. José María Fraguas, Madrid, Eyras, 1990, p. 11

 

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.