Resumen:

El presente artículo tiene la pretensión de dar un breve vistazo a la Patafísica, un movimiento cultural creado en 1948 e inspirado en el imaginario de Alfred Jarry, un reconocido y extravagante escritor francés.

Todo aquel que, ya sea por oficio o por mera satisfacción, tiene el placer de encontrarse con el lúdico quehacer de la escritura, sabe de la importancia de colocar antes o después una palabra, hacer aparecer o desaparecer una imagen literaria, o trasladar el sentido de una frase a otra. Escribir es, sin duda, el arte de jugar con la lengua.

El lenguaje, como la vida misma, ya es transfiguración, desplazamiento, y como tal está plagado de movilidad. Una de las figuras retóricas más bellas es, indudablemente, la metáfora, pues permite desplazar el sentido de una palabra a otra, redefinir y recodificar el lenguaje, para asignar un nuevo significado. ¿Pero qué ocurriría si pretendiéramos ir más allá de la metáfora, para generar un significado que permita desplazar el sentido hacia el absurdo? Entonces tendríamos que recurrir al misterio de la patáfora: “Miré a la luna amamantar un conejo que llevaba las gafas de Lennon puestas”.

La patáfora no es otra cosa que resultado de la patafísica, movimiento cultural francés creado en 1948 e inspirado por el escritor Alfred Jarry, que realiza una primera mención del mismo en su novela “Gestas y opiniones del Doctor Faustroll, patafísico”, un libro que describe las aventuras del Dr. Faustroll, hombre nacido a los 63 años y que experimenta una serie de acontecimientos azarosos, siempre acompañado de un mono llamado Bosse-de-Nage. La obra denota un lenguaje absurdo y está cargada de un alto contenido de referencias filosóficas y matemáticas.

Discípulo de Henri Bergson, Alfred Jarry fue un dramaturgo, novelista y poeta francés, conocido por sus hilarantes obras de teatro y su excéntrico estilo de vida. Es considerado precursor del Dadaísmo, del Surrealismo y del Teatro del Absurdo. Aunque “Ubu rey” (1896) es una de sus obras más reconocidas, “Gestas y opiniones del Doctor Faustroll, patafísico” (1911) es la novela que marca una pauta hacia el mundo de la patafísica. En dicha obra, el autor describe esta ciencia como la “ciencia de las soluciones imaginarias, que otorga simbólicamente a las delineaciones de los cuerpos las propiedades de los objetos descritas por su virtualidad”. De tal manera, podemos decir que es una ciencia dedicada al estudio de las soluciones imaginarias y las leyes que regulan las excepciones. La patafísica se basa en la unión de los opuestos y se vuelve un medio de descripción de un universo complementario constituido por excepciones, es por ello que también se le conoce como la ciencia de la excepción.

La palabra “patafísica” significa “aquello que se encuentra cerca de lo que está después de la física”. Si la metafísica es lo que se encuentra más allá de la física, la patafísica se sitúa por encima de la metafísica. Para Alfred Jarry, todo el universo es anormalidad, en donde la regla es la excepción de la excepción, es decir, lo extraordinario como única regla válida. No hay comparación entre lo particular y lo general, la universalidad no tiene cabida. La patafísica subsiste en la particularidad, tiene la pretensión de describir el universo que podemos ver a partir de las excepciones, en vez de mirarlo a través de los ojos de lo convencional. Las leyes del universo tal como se nos han enseñado, al ser también correlaciones de excepción, hechos accidentales que se reducen a excepciones poco excepcionales, no son tan relevantes como la singularidad. El verdadero trasfondo de la patafísica consiste en tomar las leyes generales de la física como un conjunto de excepciones no excepcionales, y por ende sin ningún interés. La dialéctica de la patafísica gira en torno a la regla como excepción de la excepción, y dicha excepción alude al azar, que es lo que impulsa la verdadera ciencia.

Debido al gran auge que tomaron las ideas de Alfred Jarry a mediados del siglo XX, el 11 de mayo 1948 Melanie Le Plumer, Oktav Votka y J-H Sainmont fundan el Colegio de Patafísica como una forma de sátira y crítica a las academias. Dicha organización estaba integrada por personajes reconocidos del ámbito intelectual y otorgaba títulos graciosos y rimbombantes a sus integrantes, tales como: Subcomisión de las Soluciones Imaginarias (Boris Vian); Subcomisión de las Formas y de las Gracias (Marcel Duchamp); Subcomisión del Grande Extraordinario (Joan Miró), entre otros. Dicho colegio realizaba diversas actividades que giraban en torno a la investigación de ciencias de lo absurdo. Algunas veces estas investigaciones no eran más que ocurrencias provocativas sin ninguna función aparente, más allá de su propio nombramiento (Liricopatología y Clínica de los Retoriconosos, Cocodrilología, Pedología y Adelfismo, Cinematografía y Onirocrítica, Aliética e Ictibalística, etc). En una de sus investigaciones, los integrantes del colegio se dieron a la tarea de crear el Calendario Patafísico, un calendario contrapuesto al común y basado en el imaginario de Jarry. La elección de los nombres de cada mes, así como el significado de sus celebraciones, son particulares y siempre están cargados de ironía.

En 1974, debido a la muerte de la mayoría de sus integrantes, el Colegio de Patafísica decide ocultarse por un tiempo indefinido (periodo de ocultación). No obstante, el movimiento había causado tanto auge que algunos personajes, de entre los cuales destaca Fernando Arrabal, deciden reavivar el colegio. Actualmente existen diversos colegios de patafísica alrededor del mundo, los cuales se encargan, primordialmente, de perpetuar la ciencia de Alfred Jarry y realizar estudios de ciencias inventadas, aparentemente inservibles. Algunos de sus integrantes son Umberto Eco, Jean Baudrillard, Enrico Baj y Luis Shilton. No obstante, otros también han sido ineludiblemente marcados por el movimiento, tal como ocurre con Julio Cortázar y Pablo López, creador de la Patáfora, así como también ha sido de gran influencia para distintas corrientes artísticas como el Surrealismo, el Dadaísmo y otras vanguardias.

Sin duda, los postulados de la patafísica, debido a su carácter lúdico e inquisitivo, han marcado una tendencia en la cultura. Si bien sus argumentos parecieran poco sólidos e irreverentes, detrás de ellos se resguarda el ímpetu de la transgresión, aunado al hecho de reconocer que en el imaginario del hombre lo más absurdo puede ser, sin duda, lo más apremiante y significativo. La patafísica, esa ciencia de lo absurdo, no es otra cosa que una invitación a explorar los recovecos más secretos del alma, para encontrar su sentido implícito, un sentido que, como ocurre en Deleuze, no alude nunca al “deber ser”, sino a lo azaroso.

Adentrarse en el mundo de la patafísica es tomar una escalera eléctrica hacia la luna y pedir un café en una taza sin fondo, o nadar en las olas del mar de alguna montaña de Plutón, sin nada más que un salvavidas hecho de confeti. Después de todo, tal vez ser partidario de tan jocoso y peculiar movimiento no implica otra cosa que dejar volar la creatividad, más allá de conceptos y universales, de toda física y metafísica. Hacer patafísica es rebasar lo límites de lo posible, dar solución a problemas que superan la realidad, buscar la belleza en las excepciones. Hacer patafísica es dejar que el alma emprenda el vuelo, más allá de lo imaginable.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.