La Ilíada es considerada por muchos estudiosos la pieza más importante e influyente de la literatura occidental. Su composición, anterior al 700 a.C., es atribuida a Homero[1].

Este poema épico, probablemente creado con el propósito de ser transmitido de manera oral, tal como señalaba la tradición de los aedos, fue escrito en griego homérico, idioma arcaico que no existió propiamente y que fue utilizado como lenguaje artístico de esta composición y de la Odisea. Esta lengua es una mezcla del jónico, eolio, micénico, arcadio, chipriota y ático.

Existen varias teorías respecto a la composición y autoría de la Ilíada. Algunas mencionan que los poemas homéricos fueron creados con el fin de transmitirse oralmente y que después fueron transcritos. Otras teorías sostienen (debido a la extensión del poema) que habría sido imposible componer y conservar la Ilíada sin ayuda de la escritura; aunque también señalan que es muy probable que su manuscrito estuviese resguardado en algún templo, por lo que la obra se daba a conocer más por tradición oral, al ser recitada en grandes festejos o festivales. También se piensa, debido a algunos testimonios dejados por Cicerón, que fue hasta la época de Pisístrato (siglo VI a.C.) cuando los cantos fueron escritos y asentados del modo como los conocemos. Lo cierto es que la Ilíada nos ha llegado gracias a las ediciones alejandrinas realizadas hacia el siglo III a.C.

El relato incorpora elementos de distintas épocas. La vida social, política y militar presentadas en el texto son una mezcla de las costumbres micénicas con algunas de los siglos oscuros y contemporáneos a la creación del poema. De esto se concluye que la Ilíada es el resultado de una gran tradición épica.

Durante la antigüedad, la Ilíada fue considerada completamente de carácter histórico, hasta que en el medievo se concluyó que debía ser apreciada únicamente como una ficción. Actualmente sabemos que el núcleo del poema se sienta sobre bases históricas, pero que es en gran medida una creación poética. Es decir, esta obra presenta un vago recuerdo de acontecimientos ocurridos de manera histórica, pero deformados y embellecidos por figuras poéticas y estilísticas que hacen de ella una pieza literaria de gran valor artístico antes que histórico[2].

Colmada de numerosas digresiones, esta pieza monumental tiene algunas contradicciones, mismas que fueron motivo de críticas por algunos estudiosos de la antigüedad, como Zoilo de Anfípolis, quien escribió, Contra la poesía de Homero. En algunos de sus pasajes parece que el autor se ha olvidado de lo dicho en otros cantos, o que simplemente no le importa mantener una completa congruencia. Esto se puede deber a varios factores; una teoría indica que, al ser un poema tan extenso, para la tradición oral, era imposible conservar una perfecta secuencia de los actos a través de cada canto. Asimismo, es probable que Homero fuera incorporando poco a poco más elementos a la historia sin tener un pleno control de los personajes, o que quizá al redactar dicho poema pretendiera que la obra permitiera que se tomasen algunos cantos de manera individual con el propósito de presentar poemas menos extensos y más apropiados para banquetes y otros eventos. Quizá simplemente en aquél tiempo no era importante para el autor conservar una sucesión rigurosa, como la que se tiene en la literatura moderna. Finalmente, también cabe la posibilidad de que estas incongruencias se deban a que algunos rapsodas o eruditos que utilizaron o realizaron copias del poema hayan agregado o modificado algunas partes del mismo.

Esta epopeya de larga extensión, compuesta por 24 cantos (15,690 versos), narra sólo el lapso de 51 días del último año de la guerra de Troya. No obstante, a través de sus pasajes da una visión panorámica del conflicto. El poema comienza sin necesidad de presentar a sus personajes ni la situación ocurrida, sino que da por hecho que estos datos son conocidos por los lectores (o audiencia), puesto que los protagonistas son todos héroes y dioses, pertenecientes a una época mítica, en la que la vida del hombre no estaba separada de los designios y caprichos divinos.

Entre los temas centrales del poema no se encuentra ninguno que difiera de los tradicionalmente abordados por las epopeyas de la época: venganza por la muerte de un amigo, ganar y conservar el honor, cumplir los planes de los dioses, etc.

El texto, situado en la Edad de Bronce (griega), en el décimo año de la guerra de Troya, no narra los motivos de la guerra, pues, como mencioné antes, la leyenda[3] sobre dicho conflicto era de dominio público, y todo el poema se enfoca en narrar la cólera de Aquiles y sus consecuencias, que, de acuerdo con algunos estudiosos, es un símbolo a partir del cual se pretende hablar de todo lo ocurrido, aunque sin mencionarlo directamente.

 

“Canta, diosa, la cólera aciaga de Aquiles Pelida,

que a los hombres de Acaya causó innumerables desgracias

y dio al Hades las almas de muchos intrépidos héroes

cuyos cuerpos sirvieron de presa a los perros y pájaros

de los cielos; que así los designios de Zeus se cumplieron

desde que separáronse un día, tras una disputa,

el Atrida, señor de los hombres, y Aquiles divino”.[4]

En la Ilíada, se marca un claro contraste entre el mundo humano y el de los dioses. El primero, sujeto a la moralidad, denota el sufrimiento y la muerte como el destino trágico e inevitable de los hombres; mientras que el segundo está fuera de toda moral y demuestra únicamente la existencia feliz y despreocupada de los dioses.[5]

En esta obra, Homero despliega a la muerte como el destino común de los hombres y nos presenta héroes que a pesar de su virtud y valentía no pueden huir de dicho destino (éstos elementos serán abordados más tarde por la tragedia); sin embargo, también nos muestra a un vital y vigoroso Aquiles, que acepta su destino con fuerza y afirma su muerte, eligiéndola junto con su vida, una vida corta pero luminosa; para este héroe, tratar de rehuir a la muerte es un absurdo tan grande como desear una vida larga y destinada al olvido.

El hombre homérico no es plenamente consciente de la moralidad ni de su individualidad, puesto que sus actos están guiados por los dioses. A través de la excelencia bélica, este héroe busca el éxito y la gloria personal, consiguiéndolos una vez que obtiene reconocimiento y honores públicos.

“[…] el héroe homérico toma sus decisiones bajo la influencia de un dios, que sugiere la idea, con la cual el héroe se manifiesta conforme y que enseguida pone en ejecución. No quiere esto decir que el héroe en la concepción homérica carezca de libre albedrio; al contrario, lo que la divinidad sugiere y la propia decisión personal del héroe nunca entran en conflicto, a diferencia de lo que sucederá en la tragedia. La exuberante vitalidad del héroe homérico se interrumpe siempre bruscamente por la muerte que Zeus y el destino le fijan; tras ella, la existencia del héroe es lóbrega y sombría en el reino de Hades”.[6]

Estilísticamente hablando, parece que Homero pretendió enfocarse más en las situaciones humanas que realizar un realismo histórico; por ello se piensa que las omisiones de muchos temas de la guerra fueron a propósito, con el fin de destacar el tema central de la cólera de Aquiles. El poeta, además, trató de evitar pasajes violentos y mágicos, exaltando, por el contrario, la elevación espiritual y humanidad de los héroes, elementos que encontró en personajes como Aquiles, Héctor, Fénix y Patroclo; los últimos tres no fueron protagónicos en ninguno de los otros poemas del Clico troyano[7], de ahí que se encomie la originalidad y grandeza de esta obra.

Homero con sus excelsas creaciones impactó de gran manera a toda la cultura occidental, sus poemas fueron muy influyentes para la educación, la filosofía y el devenir entero de la literatura. No cabe duda de que la Ilíada es una de las composiciones más extraordinarias de la historia, debido a su belleza, estilo e influencia; por estos motivos, Dante sitúa a Homero en el castillo de la sabiduría y su Ilíada y su Odisea, son los clásicos por excelencia.

 

Notas y bibliografía

[1] Su fecha de creación no es precisa; sin embargo, debido a las noticias y referencias a la Ilíada en otros textos, grabados o vasijas, su composición se ubica a fines del siglo VIII a. C.

[2] La Ilíada y la Odisea también son consideradas piezas importantes para el estudio histórico, ya que por medio de la comparación con otros textos se consideran referencias clave para entender la sociedad de la Grecia arcaica.

[3] El mito señala que la guerra comenzó como consecuencia del rapto de Helena, esposa de Menelao, por parte de Paris, príncipe troyano. A la batalla son llamados los representantes de los diferentes reinos griegos, quienes acuden bajo el comando de Agamenón, el rey de Micenas, superior en jerarquía a los otros reyes.

[4]  Homero, Ilíada. Madrid, Gredos, 1991. Trad. Fernando Gutiérrez. [fragmento, I, 1-7]

[5] V. Emilio Crespo Güemes, “La individualidad de la Ilíada” (Introducción), en Ilíada. Madrid, Gredos, 1991, p.31.

[6] Ibíd. p.24

[7] Tanto la Ilíada como la Odisea son poemas que se enmarcan dentro de una tradición griega que trató de relatar las hazañas heroicas y comparten varios rasgos con otras epopeyas que se engloban bajo los nombres, Ciclo épico y Ciclo troyano. Estas poesías eran muy comunes en los primeros siglos del milenio I a.C. en Grecia y el Egeo. La mayoría de estos poemas están perdidos y de ellos quedan sólo fragmentos y noticias; algunos de ellos son anteriores y otros posteriores a la Ilíada y complementan la historia de la guerra de Troya, algunos ejemplos de ellos son, la Tebaida, Epígonos, Etiópida y Nostos.

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