ResumenEl erotismo, según Bataille, implica una fuerte transgresión; es la ruptura de los límites del yo en los sujetos que han sido puestos en juego durante el acto erótico y han sido violentados en su ser hasta el grado de lograr una fusión de ambos. El siguiente ensayo sobre el erotismo ha surgido a partir de los textos de Georges Bataille: Madame Edwarda, La experiencia interior, El erotismo, Historia del ojo y Las lágrimas de Eros. Este texto pretende ser una insinuación para dirigirse a las obras directas de dicho autor y considerar sus propias reflexiones y experiencias eróticas.

 

Hay una distancia irreductible entre sujeto y sujeto: un abismo insalvable,

discontinuidad, una soledad extrema.

Sólo él muere, sólo él vive, sólo él es él.

Georges Bataille. El erotismo

 

Georges Bataille “Le Langage des fleurs,” from Documents, no. 3 (June 1929). Photograph by Karl Blossfeldt

Georges Bataille “Le Langage des fleurs,” from Documents, no. 3 (June 1929). Photograph by Karl Blossfeldt

 

Lejos de ser un acto exclusivamente sexual, el erotismo es una experiencia de disolución del yo que permite, en cualquier suceso, la fusión del sujeto con el elemento externo que le pone en juego. El erotismo es ruptura y a la vez creación de una nueva figura: figura fugaz que posibilita un ligero avistamiento casi inconsciente del afuera. Georges Bataille nos dice que “Lo que está en juego en el erotismo es siempre una disolución de las formas constituidas.” [2]

Bataille buscó a lo largo de su vida la experiencia mística-erótica, en ella pretendía reconocer otra cara de lo humano, asomarse a los abismos al pretender ir más allá de los límites, cruzando las fronteras de los significados, yendo a lo que carece de sentido. En esta experiencia generalmente es encontrada la muerte, la cual no es más que desaparición de uno mismo, pérdida de la conciencia, ignominia ante la que no se puede más que reír o llorar. En la muerte erótica hay también vida que es desintegración, que rebasa al sentido y, por lo tanto, nos pierde en el absoluto silencio. El silencio nos dice, sin embargo, que existe algo fuera de nosotros, intangible al ser que somos, accesible sólo en la muerte, dejando de ser para ser algo más. La muerte hace a manera de libertador una lucha con todo lo conocido: cancela mi forma, me desvanezco poco a poco en la nada, pierdo mi nombre y conciencia, soy ausencia [3]. Pierdo todo para ver cómo vida y muerte se juntan en la misma vertiente violenta y peligrosa. [4]

La muerte es siempre acontecimiento, nunca se encuentra, ocupa el sitio vacío. Siempre muere otro, algo, pero no yo. Soy incapaz de poseer la experiencia total de muerte, sin embargo, estamos muriendo a cada instante y además sabemos de esas muertes, los hombres primitivos ya podían vislumbrarla. En cada una de ellas muere lo mío que hay en lo desaparecido, muero cuando el otro se olvida del mundo y con él de mí. Muero cuando cancelo la conciencia en el orgasmo y desaparezco sumergido en un goce terrible que me hunde en una sensación tal que no puedo hablar; cuando me reincorporo en la consciencia y me descubro por un instante muerto. A esta muerte le sobreviene únicamente la risa, causa del desnivel producido por la violencia transgresora del placer, por esa irrupción en las formas notando que soy fragmento, que soy un otro. Mi risa es abrupta y quizá símbolo de miedo, angustia liberada -pero angustia finalmente- producto de un temblor que me refleja solitario, separado y discontinuo. Todos estamos solos, incapaces de desaparecer la distancia entre uno y otro, permanecemos lejanos y ninguno puede jamás vivir conmigo experiencia alguna.

La muerte erótica, la petite mort, es resultado de una vorágine de placer que nos traslada a lo informe y es por eso también inmenso dolor causado por la pérdida del mundo. En ese momento me encuentro a merced de lo que ocurra, hasta que nuevamente un remolino agresivamente rápido me transporta al cuerpo fatigado que abre los ojos como por primera vez, como un recién nacido y encuentra de nuevo el mundo, ¿cómo recibir esas nuevas formas en el ojo, si no es con risa, con llanto, con desesperación? Formas que hasta entonces se habían creído estables, permanentes y fundamentales ya no son más que otra muerte. Es la risa afirmación de la vida e incluso de la misma muerte. Hay que afirmar también la finitud y con ella la risa que surge. El olvido no me alivia porque sé bien, sabemos bien, que todos somos mortales, incompletos, finitos, eróticos.

 

Notas y bibliografía.

Bataille, Georges, El erotismo. Trad. Antoni Vicens. Barcelona Tusquets, 2005, p9. Ibid, p14. Cf. Bataille, Georges, op cit. Cf. Bataille, Georges. Historia del ojo Trad. Margo Glantz. México, ediciones Coyoacán, 1994, p29.

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