Resumen: Siendo la muerte un tema cuya necesidad se evoca por y en un destino común, reflexionar sobre ella significa tomar una postura abierta, honesta, pero sobre todo sensata. En este ensayo me propongo revisar el tema de la eutanasia con el objetivo de dilucidar su conveniencia y justificación para el caso de los enfermos terminales; en este sentido, sólo trato el caso de la eutanasia activa, cuya práctica supone a la vez un ejercicio ético que depende de la libertad y la autonomía que tenemos para decidir. De tal modo, la pregunta que nos debemos plantear es: ¿qué es y qué implica una buena muerte?

¿Qué es y qué implica la eutanasia? 

“[…] la vida humana es un bien limitado […] al prolongarla, debe ofrecerse un beneficio y una esperanza razonables. Por otro lado, la responsabilidad de fijar límites a las acciones médicas debe ser correlativa al inmenso poder de la medicina para postergar la muerte”.

Asunción Álvarez del Río. Práctica y ética de la eutanasia.

Como la muerte es necesaria y además su sola evocación nos produce un gran temor, es más que necesario pensar sobre la muerte[1]. La muerte repentina limita, pues sólo los vivos pueden reflexionar sobre lo valiosa que es la vida. En cambio la muerte que se vive, la de los enfermos terminales (pacientes con enfermedades para las cuales no hay cura o tratamiento efectivo que evite su sufrimiento), es un motivo de aprendizaje, tanto para el moribundo como para quienes lo acompañan en sus últimos momentos, porque nos da la posibilidad de pensar con detenimiento y a profundidad lo que significa morir y vivir.

La práctica de la eutanasia es donde se depositan estas reflexiones, emociones, pero sobre todo dudas respecto a la_misma. En adelante, comprendo por eutanasia “[…] el acto o método que aplica un médico para producir la muerte, sin dolor a un paciente, a petición de éste, para terminar con su sufrimiento. La eutanasia activa implica finalizar la vida por medio de una terapia encaminada a procurar la muerte”[2]. Esta definición me parece acertada pues toma en cuenta aspectos esenciales y comunes para una situación que acontece de manera tan diversa y personal.

En este ensayo me limito a reflexionar sobre la eutanasia activa, pues aunque el fenómeno es más amplio, practicar la eutanasia en pacientes inconscientes, físicamente competentes pero mentalmente incompetentes (ej. personas enfermas de alzhéimer), o el caso de los neonatos y bebés con pronósticos de vida corta y dolorosa (bebes y fetos con anencefalia por ejemplo), es un espectro que aún cuando cae bajo el nombre de la eutanasia toma formas muy particulares, para las cuales existen apellidos muy concretos, como: cuidados paliativos, sedación_terminal, suspensión u omisión de tratamientos…, conocidos como eutanasia pasiva. Aunque se ayuda a bien morir a los pacientes en dichas condiciones y podría pensarse que son eufemismos de la misma cosa, no debe pasarse por alto la especificidad del acto de la eutanasia activa, pues las condiciones esenciales para llevarla a cabo son la petición explícita y reiterada de un paciente con enfermedad terminal, consciente y competente, lo cual supone un ejercicio pleno de libertad, autonomía y dignidad de la persona que la elige. En todo caso lo más parecido a la eutanasia activa es el suicidio médicamente asistido. Este último difiere de la primera, pues el médico sólo se limita a proporcionar los fármacos que producen una muerte sin dolor; en cambio, en el primer caso el médico proporciona y administra la mayoría de las veces dichos fármacos.

Cuando se habla de eutanasia es imposible desligarla de correlatos como: la política y la ética. Mucho se menciona a esta última, puesto que desde hace unas décadas el tema de la ética médica es central en dicha práctica. La ética es un recurso bastante mermado en nuestras sociedades; no obstante, el caos que produce el mundo moderno evidencia no sólo la necesidad del rescate de su estudio, sino de una acción urgente de la misma. Podría parecer alarmista al señalar esto, sin embargo creo que la realidad médica manifiesta tal urgencia y necesidad de la ética. Pero, ¿qué es ética?

La ética es un ejercicio de autonomía y libertad; se distingue de la moral, pues es uno mismo y no la sociedad, quien se da y acepta leyes en tanto se tienen convicciones firmes para hacerlo (ethos o carácter). Es un proceso dialéctico, una heurística del vivir: “[…] podemos decir que el carácter moral se adquiere, sin darse cuenta a veces, por medio de las costumbres, y el carácter ético se conquista, con muchos esfuerzos, por medio de las costumbres”[3]. No es ociosa tal distinción como algunos creen, pues de hecho sucede que en la práctica médica –y no sólo en ella– a diario se presentan dilemas en donde las decisiones y las acciones unas veces siguen la moral y otras la ética. Por esta razón es de suma importancia que tanto médicos como pacientes y sociedad, tomen en cuenta estas distinciones, aunque de hecho intuitivamente lo hacemos todo el tiempo en diversos campos de la vida. En el caso de la práctica médica, los códigos de ética[4]_sirven de referencia y guía a los profesionales de la salud, para los casos en que sea prudente practicar la eutanasia.

Mencioné que un correlato de la ética es la política, entendida esta última en su noción más esencial, tal como lo hizo Aristóteles. Él comprendió que los seres humanos somos animales políticos, pues tendemos a vivir en sociedad (polis). De esta forma, la ética se ejecuta políticamente y viceversa[5]. La práctica de la eutanasia y su posible legalización dependen de la relación entre ética y política, ya que tal paralelismo encierra un ejercicio personal de libertad y autonomía. Más adelante desarrollo estos dos conceptos, de gran relevancia en el tema de la eutanasia.

Actualmente es casi una obligación reflexionar sobre el final de nuestras vidas. El mundo moderno y sus implicaciones nos exigen esta reflexión de antemano. A pesar de nuestro evidente temor ontológico hacia la muerte, debemos tomar sus riendas nosotros mismos, si no deseamos vivir una muerte indigna. Como bien señala el Doctor A. Kraus: “[…] Tenemos que tener en cuenta, también, que mientras que la ciencia y la tecnología nunca dejan de preguntarse si tiene sentido seguir investigando y conociendo, la ética sí lo hace”[6]. Mantener una postura crítica frente a los logros tecno científicos de la modernidad, evita que tanto médicos como pacientes y en general nuestras sociedades se entreguen a las “maravillas de la ciencia y tecnología”, que en medicina podrían, como sucede con frecuencia, caer en lo que se denomina ‘encarnizamiento terapéutico’, esto es: medidas terapéuticas desproporcionadas, que en la mayoría de los casos sólo prolongan la vida de un enfermo terminal. La prolongación de la vida es precisamente una razón de peso para aquellas personas que eligen morir dignamente, pues no sólo se trata de prolongar la vida. La vida es ser siendo; si esta condición se pierde, automáticamente la vida pierde su sentido. Claro que tal afirmación, que supone cierta concepción sobre la vida que se desea vivir, no todos la comparten. De hecho, existen casos de enfermos terminales o con enfermedades crónico degenerativas, que eligen afrontar un proceso largo con respecto a su muerte. Ambas posturas son validas y respetables.

Puede estarse de acuerdo o no con la práctica de la eutanasia. Los argumentos más comunes en su contra son:

  1. Religiosos. La vida humana se considera valor supremo. Dios da la vida y sólo él puede quitarla.
  2. Culturales. La eutanasia conlleva el peligro de erosionar el respeto hacia la vida y de modificar el concepto básico de ‘qué’ cura el médico.
  3. El riesgo de abuso. Pendiente resbaladiza: permitir la eutanasia provoca que se aplique a personas que no la solicitaron, pero que otros consideran no deben vivir.
  4. Puede haber error de diagnostico.[7]

Del primer punto se desprende un carácter sagrado respecto a la vida humana. Predicar la sacralidad de la vida es una suposición religiosa que algunas personas utilizan para oponerse a la eutanasia. Sin embargo, esta suposición es en realidad una petición de principio, pues si no se comparten los preceptos de dicha religión es imposible decir que la vida es sagrada. Con esto no demerito las creencias y las religiones; muy al contrario, no es que la Vida[8] no tenga valor alguno; precisamente por ese valor que tiene, la eutanasia es un motivo de reflexión que requiere una postura abierta, honesta, pero sobre todo sensata.

Respecto al punto dos, es falso que: evitar la muerte signifique curar. El imaginario social ve a los profesionales de la salud como luchadores contra la muerte, al mismo tiempo que los percibe como los irrevocables protectores de la vida. Debemos superar como sociedad la imagen con la que se educa a los médicos y pacientes, pues esto conduce a pensar la muerte como un fracaso de la medicina; es cierto que el objetivo principal es evitar muertes innecesarias, pero eso no significa prolongar las muertes inevitables, y menos aun no reconocer las muertes oportunas.

Respondiendo al punto tres, la eutanasia no consiste en matar a las personas indeseables; comúnmente se tiene el referente de la época nazi cuando se habla de eutanasia. Una cosa es matar por razones ideológicas y otra ayudar a un enfermo que elige poner fin a una vida que se torna horrorosa. Al mismo tiempo, no sería una práctica masiva en la medicina, pues sólo es aplicable a enfermos terminales, conscientes y, en algunos casos, competentes físicamente. De este modo no se vulnera la vida de personas que pueden considerarse inútiles en nuestras sociedades, como lo son: ancianos, discapacitados, pobres. Pensar que se aplicaría eutanasia a estas personas sólo muestra la obscenidad y el cinismo de la desigualdad que produce el mundo capitalista.

Es cierto que la práctica de la eutanasia supone una relación médico-paciente ejemplar, motivo por el cual puede existir la posibilidad de equivocarse al momento de proponerla como una terapia para la persona que la pide y requiere. Más adelante trato este tema.

Una situación importante sobre la pertinencia de la eutanasia es pensar lo siguiente: legalmente en México está prohibida la eutanasia; sólo se permite la ortotanasia y la distanasia, lo que significa en el primer caso suspender o no implementar medidas terapéuticas que prolonguen la vida, y dar cuidados paliativos. En la segunda se trata de prolongar la vida, es el caso del encarnizamiento terapéutico. Sin embargo, parece que estas medidas son poco eficientes, pues ¿qué hay del dolor, tanto físico como emocional, que sufren las personas con enfermedades terminales? Omitir la acción de un tratamiento y dejar que acontezca una muerte lenta y dolorosa, o bien empeñarse en prologarla a toda costa, parece ser menos humano que tomar una acción que evite un sufrimiento innecesario para una persona que de cualquier forma morirá. ¿No sería mejor y más humano evitar una escenario así?

En adelante, me centraré en los conceptos de autonomía y libertad, ya que guardan una estrecha relación con la eutanasia. Como se mencionó con anterioridad, la eutanasia es un acto ético que involucra a la persona que la elige y al médico que decide ayudar. El énfasis de este ejercicio ético se encuentra en la relación médico-paciente. La relación médico-paciente actualmente atraviesa dificultades serias, producidas esencialmente por la deshumanización que la ciencia y la tecnología hacen pesar sobre nosotros; esto, aunado a ciertas costumbres en la sociedad y en la práctica médica, es el obstáculo principal para que no ocurra el hecho de ayudar a bien morir a una persona que así lo elige. Dice el Doctor Kraus al respecto: “[…] Bien entiendo que las costumbres, sobre todo cuando son viejas costumbres, son como la piel que llevamos encima: es casi imposible desprendernos de ellas […]”[9]. Aunque es un hecho que la tradición pesa sobre nosotros, no debemos olvidar que somos nosotros mismos quienes podemos cambiar o modificar las tradiciones. La tradición no es un absoluto, quienes la interpretan así tienden a conservar un modo de ser y estar que provoca más problemas que soluciones.

En primer instancia, en el tema de la eutanasia no se puede tomar una postura parcial; hay que preguntarse primero bajo qué términos se puede legitimar la eutanasia. La posibilidad de legitimar la práctica de la eutanasia se da bajo los conceptos de libertad y autonomía. Es en la libertad donde se encuentra la posibilidad de actuar, pero ¿qué significa libertad? Isaiah Berlin la define de la siguiente manera: “El sentido ‘positivo’ de la palabra ‘libertad’ se deriva del deseo por parte del individuo de ser su propio amo. Quiero que mi vida y mis decisiones dependan de mí mismo, y no de fuerzas exteriores, sean éstas del tipo que sean. Quiero ser el instrumento de mis propios actos voluntarios y no de los de otros hombres. Quiero ser un sujeto y no un objeto […]”[10]. Entender así la libertad es comprenderla éticamente. La persona que elige[11] la eutanasia, ejerce su derecho a morir con dignidad; tiene toda la libertad para elegir poner fin a su vida; es preciso señalar que la libertad implica la noción de autonomía y responsabilidad.

La autonomía es un factor importante en la decisión de quienes eligen la eutanasia. Entiendo por autonomía la facultad mediante la cual una persona no depende de nadie; en ese sentido, tiene voluntad para efectuar sus actos. Se relaciona con la libertad, pero tiene un matiz sustancial, pues la autonomía se ejecuta con la mayoría de edad[12]. Esta interpretación es de Kant, y comparto su postura. Él  propone  que la libertad se da bajo la condición de poseer razón, al ser agentes racionales se abre la puerta hacia la autonomía, con lo cual accedemos a la libertad y en ese sentido tenemos libertad y al mismo tiempo dignidad. De tal modo, podemos concebir una dimensión moral, esto es, actuar de ‘x’ o ‘y’ manera. Para Kant es importante la dimensión ética, debemos tratar a las personas siempre como fines y nunca como medios. La interpretación de Kant sobre la Libertad es un argumento más en favor de la eutanasia.

Sin embargo, existe la posibilidad de que la persona no elija libre, ni autónomamente. En este sentido, un argumento más en contra de la eutanasia es precisamente la falta de libertad y autonomía que la persona con una enfermedad terminal experimenta, pues su misma condición le lleva a pensar que su vida ya no merece ser vivida, y aunque sabe que va a morir, decide adelantar su muerte por las razones equivocadas[13]. No obstante, hay parámetros para regular la práctica de la eutanasia; la experiencia legal en Holanda[14] es un ejemplo. Es muy importante asegurarse de que la persona no actúe bajo ningún motivo por desesperación, depresión, etc. Por esto la relación médico-paciente debe ser eficiente y óptima (el médico, además de atender la enfermedad, tiene la obligación moral y ética de atender el padecimiento del enfermo). Mientras sea ilegal la eutanasia, aunque de hecho su práctica existe en todo el mundo, el solo hecho de prohibirla aumenta las dificultades al ya espinoso tema. En países como el nuestro la ilegalidad es un motivo que complica enormemente pedir y brindar ayuda, para quien así lo elige. Por eso es de vital importancia que se debata sobre este tema públicamente y pueda entonces pensarse en la legalización de su práctica médica.

Elegir una buena muerte en medida de lo posible implica no sólo un ejercicio ético de libertad y autonomía, también requiere de un correlato esencial: la responsabilidad. No se trata de concebir a la responsabilidad simple y llanamente como la imputación de un acto, se trata de ir más allá: anticiparse, prevenir, tomar precauciones. Hans Jonas[15] entiende la responsabilidad en ambos sentidos, dando más peso al último. Me parece que esta noción de responsabilidad es mucho más completa que la primera, pues requiere de un compromiso ético de quien así la concibe. De tal modo, un aspecto primordial en el ejercicio de la responsabilidad respecto a la eutanasia, es la formulación de una voluntad anticipada[16], pues aunque no podemos evitar nuestra muerte, lo que sí podemos, si las circunstancias lo permiten, es  elegir una muerte sin dolor innecesario.

Antes de finalizar me gustaría traer a cuenta una novela relevante para el tema. En un tono literario pero no por ello menos filosófico, Tolstói, en la Muerte de Iván Ilich[17], nos enfrenta al tema de la experiencia del horror hacia la muerte, en un relato bastante realista. Iván se convierte en pensador de su vida y lentamente sobre el proceso de muerte que experimenta. Situado en la desgracia de una vida estéril, producto de la vanidad con la que fue vivida, la muerte de Iván no dista mucho de lo que fue su vida. El relato de Tolstoi revela de manera trágica, entre otras cosas, la experiencia de la muerte. Lo valioso de esta novela es el contexto figurativo, casi mimético, con la realidad. Las sensaciones del moribundo Iván Ilich en sus últimos días transcurren en terrible soledad, acompañada de un intenso dolor físico y emocional. Su muerte se encuentra atravesada por una relación familiar paupérrima y, ¡qué decir de la infame relación médico-paciente!; el acontecer de su lenta muerte le hace pensador, le hace contemplar por ciertos momentos la posibilidad de que era mejor morir que vivir así.

La práctica de la eutanasia es una práctica legítima tanto para quien decide libre, autónoma y responsablemente poner fin a una vida que considera indigna, como para el médico que decide brindar esta ayuda. Es una expresión totalmente ética, puesto que se trata de re-conocer y pensar lo valiosa que es la vida, asumiendo la muerte. Es así que la muerte del moribundo y su acompañamiento nos humaniza al hacernos pensadores de la vida y la muerte.

Debemos reconocer que la práctica de la eutanasia es un acto humanizante, ya que la experiencia de la muerte nos revela la condición más humana, la mortalidad. Continuar mirando a la muerte como un hecho ajeno sólo confirma lo siguiente: el hecho de poseer razón no implica un actuar razonable. ¿Debemos seguir oponiéndonos a la práctica de la eutanasia, o debemos comenzar a percibirla como un derecho? 

Conclusión

La práctica de la eutanasia es un ejercicio esencialmente ético en el que tanto el paciente como el médico son libres: uno de elegir solicitarla y otro de brindar su ayuda. Es legítima para quien elige morir dignamente, pues supone libertad, autonomía y responsabilidad, y no debería ser una práctica con consecuencias legales para el médico. Su legalización requiere una regulación, ya que el médico debe ser el único que brinde esta ayuda, puesto que se encuentra capacitado como profesional de la salud para brindarla. Por otro lado, la filosofía es una herramienta reflexiva y esencial en lo concerniente a la ética. Si bien la ética no es materia exclusiva de la filosofía (de hecho nunca debe serlo), la filosofía debería ser un instrumento común a todos, ya que al ser una heurística de la vida enriquece en gran medida las distintas posibilidades de ser y estar en el mundo: posibilidades que no están lejos del tema de la eutanasia. La_ legalización de la eutanasia depende mucho de la acción ética y política de cada uno de nosotros. Una buena muerte implica todos estos elementos.


[1] Hay que señalar una precisión respecto a la muerte, pues por un lado se tienen los conceptos filosóficos, religiosos o ideológicos mediante los cuales se desarrolla una ontología, espiritualidad o idea, según sea el caso, y por otro lado se encuentran las definiciones médicas sobre la muerte, que son de vital relevancia. En la práctica médica, existen dos criterios importantes: muerte cardiorrespiratoria y muerte cerebral. Ruy Pérez Tamayo trata estas definiciones en su texto El médico y la muerte. Es de gran ayuda entender los posibles parámetros que se tienen sobre la muerte, pues de este modo la ayuda a una persona que solicita eutanasia será mejor. Contar con una idea amplia sobre la muerte permite reconocer las muertes inevitables y oportunas.

[2] Álvarez del Río, Asunción y Kraus, Arnoldo. Eutanasia y suicidio asistido, p. 164.

[3] Rivero Weber, Paulina. Apología de la inmoralidad, p.48.

[4] Ruy Pérez Tamayo en Ética médica laica propone algunos lineamientos éticos que se deben contemplar en medicina. Hay que resaltar que los códigos de ética médica sólo sugieren principios para regular la práctica de la medicina. Son una guía y de ninguna manera deben seguirse al pie de la letra. Un médico ético además de tomar esto en cuenta, actúa siguiendo sus convicciones, producto de una reflexión ética profunda. Tal es el caso de los médicos que piensan y tienen buenas razones para apoyar y, según sea el caso, practicar la eutanasia.

[5] Hanna Arendt, en su libro La condición humana expone esta relación partiendo a su vez de Aristóteles, quien propone la vita activa como un ejercicio ético y político.

[6] Kraus, Arnoldo. ¿Qué es y qué no es eutanasia?, p. 202.

[7] Álvarez del Río, Asunción y Kraus, Arnoldo. Eutanasia y suicidio asistido, p. 178.

[8] En bioética se ha discutido si la vida posee un valor intrínseco pues temas como el aborto, la eutanasia y la eugenesia nos plantean escenarios en donde los avances tecno científicos nos dan como especie, la posibilidad de modificar la forma en la que la Vida acontece. Desde mi perspectiva –ética ambiental– la Vida posee un valor intrínseco, pero no por ello es un valor absoluto; tomar decisiones en este campo requiere una reflexión ética profunda, lo cual supone discriminar en qué casos sí y en qué casos no pueden tomarse excepciones respecto a la Vida.

[9] Kraus, A. Eutanasia: reflexión obligada, p. 148.

[10] Berlin, Isaiah. Dos conceptos de libertad y otros ensayos, p. 60.

[11] Hasta el momento he centrado mi atención en la decisión de la persona que elige la eutanasia, pero es necesaria la ayuda de un médico. Por ello cabe la pregunta: ¿el médico tiene derecho a elegir? Como la práctica de la eutanasia supone un acto de libertad y autonomía, el médico también tiene el derecho de elegir ayudar o no a la persona que hace tal petición. Es libre de ser un objetor de conciencia, pero tiene el deber de indicar al paciente qué colega podría acceder, para facilitarle la ayuda que necesita.

[12] V. Kant, Emmanuel. “¿Qué es la ilustración?” en Filosofía de la historia.

[13] V. Álvarez del Rio, A. Op. cit., capítulo II.

[14] La experiencia legal y social en los Países Bajos es un punto a considerar en tal tema, ya que puede enriquecer el debate en nuestro país.

[15] Cfr. Jonas, Hans. El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica. No sólo trata el tema de la responsabilidad, también elabora una crítica a la civilización tecnológica.

[16] En el tema de voluntades anticipadas, nuestro país vive un completo caos. Las leyes al respecto son inconsistentes, sin embargo, hablar con la familia y los amigos, o redactar un documento en el que se exprese nuestro deseo de recibir o no recibir un tratamiento bajo ciertas circunstancias, es una forma de responsabilizarnos y encaminarnos a una cultura diferente en el tema de la muerte.

[17] La muerte de Iván Ilich es una obra que muestra con gran genialidad y exquisitez el tema de la eutanasia, pues aunque no se menciona de manera explícita en el texto, las reflexiones de Iván sugieren tal tema, y al mismo tiempo ofrecen una mirada al ser en la existencia. También funcionan como crítica al emergente mundo moderno y todo lo que esto significa, pues no se puede pasar por alto que el relato se ubique en el siglo 1800, momento que definió el inicio de la modernidad.

 

Bibliografía

 

Asunción Álvarez del Río y Arnoldo Kraus. Eutanasia y suicido asistido. México, Fondo de Cultura Económica, 2006.

Coordinadores Pérez Tamayo, Ruy, Lisker Rubén y Tapia Ricardo. La construcción de la bioética. México, Fondo de Cultura Económica, 2008.

Álvarez del Río, Asunción. Práctica y ética de la eutanasia. México, Fondo de Cultura Económica, 2005.

Berlin, Isaiah. Dos conceptos de libertad y otros escritos. Trad. Ángel Rivero. Madrid, Alianza Editorial, 2005.

Kant, Emmanuel. Filosofía de la historia. Trad. Eugenio Ímaz. México, Fondo de Cultura Económica, 2006.

Kraus, Arnoldo. ¿Qué es y qué no es eutanasia?. México, Fondo de Cultura Económica, 2006.

Compilación de Soberón, Guillermo y Feinholz, Dafna. Muerte digna, una oportunidad real. México, Comisión Nacional de Bioética, 2008.

Pérez Tamayo, Ruy et alEutanasia: hacia una muerte digna. México, Foro Consultivo Científico y Tecnológico y Colegio de Bioética A.C, 2008.

Tolstói, Lev Nikolaevich. La muerte de Iván Ilich. Trad. Ida Gorodezki. México, Fontamara, 2008.

Arnoldo Kraus: “Eutanasia: reflexión obligada”, artículo consultado en:  http://www.bibliojuridica.org/libros/1/172/17.pdf, el 21/10/2011.

Paulina Rivero Weber: “Qué hacer cuando ya no hay nada que hacer”, artículo consultado en: http://estepais.com/inicio/historicos/190/16_salud2_que%20hacer_rivero.pdf el 21/10/2011.

Paulina Rivero Weber: “Valores éticos, vida y eutanasia”, artículo consultado en  http://estepais.com/inicio/historicos/167/12_salud_valores_rivero.pdf, el 21/10/2011.

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