Arte, magia, ritual y curación son términos relacionados en muchas regiones, sobre todo en antiguas culturas de Oriente medio y América. En estos sitios la magia era considerada, y en algunos sectores aún lo sigue siendo, no sólo un poder místico, sino también un arte en tanto que implica técnicas determinadas para lograr objetivos específicos.

En sus inicios la magia pertenecía exclusivamente a cultos religiosos y era una sabiduría a la que únicamente tenían acceso los iniciados. Los magos eran sabios, estudiosos de los astros, las plantas y las enfermedades; observaban la realidad con el fin de dominarla, no en sentido opresor sino, dominándose ellos mismos dentro de ella, se manejaban de acuerdo con las energías que les permitieran obtener un mejor provecho al incrementar su fuerza. En casi todas las regiones y épocas del mundo en las que fue conocida la magia se habla de ella con respeto o miedo pues, según fuera el caso, a los magos se les ha considerado desde milagrosos hasta brujos perversos porque todos los hombres les han visto como personas de poder, sabiduría y fuerza, capaces tanto de curar enfermedades como de propiciarlas, en los casos negativos.

El chamán, sabio, mago, o como se le denomine, debe poseer la confianza y fe tanto de su paciente como de su pueblo por ser ella lo que le proporciona su mayor poder y será, además, fundamental para el éxito de sus rituales. Los rituales místicos o mágicos, ya sean realizados con fines de curación u otros fines, son un arte en su totalidad ya que exigen destreza, habilidad y técnica enormes para que den el resultado prometido. Los ritos son cosa seria debido a que en ellos se disputa, en muchas ocasiones, la vida misma.

Los iniciados deben aprender a manejarse dentro de esa constante lucha entre la vida y la muerte, pues mientras comienzan su aprendizaje, una vorágine de conocimiento les penetra y les transforma. Parecida a la enfermedad, la transformación les debilita. Tienen que encontrar en aquel estado su poder para así no sólo recobrar, sino también aumentar sus fuerzas y su sabiduría. Esta condición de enfermedad es paradójica porque representa fragilidad y puede llegar a ser la vía hacia la muerte, pero su superación implica la recuperación y aumento de las energías vitales. Durante la intervención de un sabio para disuadir la enfermedad, éste debe hacer uso de todo su conocimiento y fuerza para orientar al paciente hacia el camino de sus nuevas potencias y con ellas lograr recobrar la salud.

Claude Levi-Strauss escribió en su artículo Los chamanes como psicoanalistas que éstos conseguían curar al enfermo cuando a través de términos afectivos lograban que el convaleciente aceptara en el espíritu los dolores que el cuerpo se rehusaba a soportar. Independientemente de los métodos, si el enfermo le tenía fe al chamán, entonces terminará aceptando los dolores. No obstante, el enfermo también notará que los dolores son incoherentes, de ese modo los comprende y entonces los rechaza: se cura.

[…] los conflictos y resistencias se disuelven, no debido al conocimiento, real o supuesto, que la enferma adquiere progresivamente, sino porque este conocimiento hace posible una experiencia específica en cuyo transcurso los conflictos se reactualizan en un orden y en un plano que permiten su libre desenvolvimiento y conducen a su desenlace. [1]

En la actualidad la mayoría prefiere ir con médicos especialistas a resolver sus problemas de salud que, a su manera, también realizan los respectivos rituales para revitalizar al paciente, mientras que del chamán se cree que es una especie de psicoanalista primitivo dedicado a explorar la mente y la imaginación humana, porque sabe que es ahí donde se crean la mayoría de las cosas…

[1] Chamanes a través de los tiempos. Jeremy Narby, Francis Huxley compiladores. Barcelona, Kairós, 2005

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